La transición ecológica ya no es una cuestión de futuro. Es una realidad que está transformando la economía, los sectores productivos y la forma en la que muchas empresas organizan su actividad. Energías renovables, economía circular, movilidad sostenible, rehabilitación energética de edificios, gestión de residuos, agricultura ecológica, eficiencia energética o nuevas tecnologías limpias son solo algunos ejemplos de actividades que están ganando protagonismo.

A estos nuevos trabajos, o a los empleos tradicionales que se adaptan a criterios medioambientales, se les conoce como empleos verdes.

Sin embargo, existe una idea que conviene aclarar desde el principio: que una actividad sea más respetuosa con el medioambiente no significa automáticamente que sea más segura para las personas trabajadoras.

Este es precisamente uno de los mensajes más importantes del documento técnico publicado por el Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (INSST) sobre los empleos verdes y su impacto en la seguridad y salud laboral: la sostenibilidad ambiental debe ir acompañada de una adecuada gestión preventiva. De lo contrario, se corre el riesgo de crear trabajos más ecológicos, pero no necesariamente más seguros.

¿Qué son los empleos verdes?

Actualmente no existe una única definición universalmente aceptada de empleo verde. No obstante, las distintas instituciones internacionales y europeas coinciden en una idea común: un empleo verde es aquel que contribuye a preservar, restaurar o mejorar el medioambiente.

Esto puede hacerse de diferentes formas:

  • Reduciendo emisiones contaminantes.
  • Mejorando la eficiencia energética.
  • Disminuyendo el consumo de materias primas.
  • Favoreciendo la economía circular.
  • Impulsando el reciclaje y la reutilización.
  • Protegiendo ecosistemas y biodiversidad.
  • Adaptando procesos productivos para que sean más sostenibles.

El INSST recuerda que los empleos verdes pueden aparecer tanto en sectores tradicionalmente vinculados al medioambiente como en sectores ya existentes que se transforman para adaptarse a la nueva economía verde. Es decir, no solo hablamos de instaladores de placas solares o trabajadores de plantas de reciclaje. También hablamos de construcción, transporte, industria, agricultura, mantenimiento, ingeniería, consultoría, formación, logística o servicios técnicos.

Por tanto, un empleo verde puede ser un puesto de nueva creación, pero también un puesto tradicional que incorpora nuevas tecnologías, nuevos materiales, nuevas tareas o nuevos procedimientos de trabajo.

El empleo verde debe ser también empleo seguro

Uno de los puntos más relevantes del documento es que el empleo verde no debe valorarse únicamente desde el punto de vista ambiental. También debe analizarse desde la perspectiva social y laboral.

Dicho de forma sencilla: un empleo no puede considerarse verdaderamente positivo si protege el medioambiente pero descuida la salud de quienes lo realizan.

La Organización Internacional del Trabajo vincula el concepto de empleo verde con el de trabajo decente, lo que implica condiciones laborales adecuadas, derechos laborales, estabilidad razonable, formación, protección social y, por supuesto, seguridad y salud en el trabajo.

Aquí está la clave preventiva: la transición ecológica debe diseñarse incorporando la prevención de riesgos laborales desde el principio, no como un añadido posterior.

¿Por qué los empleos verdes pueden generar nuevos riesgos laborales?

Muchas empresas están introduciendo nuevas tecnologías, nuevos procesos y nuevos materiales para adaptarse a las exigencias ambientales. Esto puede generar beneficios evidentes, pero también puede provocar riesgos nuevos o agravar riesgos ya conocidos.

El INSST advierte que algunas actividades sostenibles pueden implicar riesgos para la seguridad y salud de las personas trabajadoras, por lo que deben identificarse, evaluarse y controlarse adecuadamente.

Algunos ejemplos claros son:

1. Trabajos en altura en instalaciones solares

El crecimiento de las energías renovables, especialmente la instalación de paneles fotovoltaicos, ha incrementado los trabajos en cubiertas, tejados y estructuras elevadas.

Esto supone riesgos de:

  • Caídas a distinto nivel.
  • Pisadas sobre cubiertas frágiles.
  • Uso incorrecto de líneas de vida o sistemas anticaídas.
  • Manipulación de cargas en altura.
  • Exposición a condiciones climatológicas adversas.

El problema no es la energía solar en sí. El problema aparece cuando el crecimiento rápido del sector no va acompañado de formación suficiente, planificación preventiva y control real de los trabajos.

2. Riesgos eléctricos en energías renovables y almacenamiento energético

La transición hacia sistemas energéticos más eficientes implica trabajos relacionados con instalaciones eléctricas, baterías, almacenamiento de energía, redes eléctricas e infraestructuras de alta tensión.

En estos trabajos pueden existir riesgos de:

  • Contacto eléctrico directo o indirecto.
  • Arco eléctrico.
  • Incendio.
  • Explosión.
  • Electrocución.
  • Exposición a campos electromagnéticos.

El documento del INSST menciona expresamente que en la manipulación de baterías y mantenimiento de sistemas de almacenamiento energético pueden existir riesgos de incendio, explosión y electrocución.

3. Exposición a sustancias peligrosas en reciclaje y economía circular

La economía circular busca reducir residuos, reutilizar materiales y alargar la vida útil de los productos. Sin embargo, las actividades de reciclaje, descontaminación, reparación o desmantelamiento pueden exponer a las personas trabajadoras a sustancias peligrosas.

Esto puede ocurrir, por ejemplo, en:

  • Plantas de reciclaje.
  • Gestión de residuos industriales.
  • Desmontaje de equipos electrónicos.
  • Tratamiento de baterías.
  • Manipulación de residuos desconocidos.
  • Recuperación de materiales.

El riesgo aumenta cuando no se conoce con precisión la composición del residuo o cuando los materiales contienen contaminantes, sustancias químicas peligrosas o componentes con efectos poco estudiados.

4. Nuevos materiales y nanomateriales

La innovación tecnológica está introduciendo materiales cada vez más avanzados. Algunos de ellos pueden mejorar la eficiencia energética, reducir el peso de los equipos o aumentar la durabilidad de los productos.

Pero también pueden plantear dudas preventivas, especialmente cuando sus efectos sobre la salud a largo plazo todavía no son suficientemente conocidos.

El INSST destaca la preocupación por determinados materiales nuevos, incluidos los nanomateriales, cuyos efectos sobre la salud pueden no estar plenamente comprendidos.

Desde el punto de vista preventivo, esto obliga a reforzar la vigilancia, la información, las fichas de datos de seguridad, la evaluación higiénica y las medidas de protección colectiva e individual.

5. Automatización, robótica e inteligencia artificial

La industria verde también está vinculada a la digitalización, la automatización, la robótica colaborativa, la inteligencia artificial y la fabricación avanzada.

Estas tecnologías pueden reducir determinados riesgos ergonómicos, por ejemplo, al evitar tareas repetitivas o manipulación manual de cargas. Pero también pueden generar otros riesgos:

  • Sobrecarga mental.
  • Presión por ritmos de trabajo automatizados.
  • Fallos en la interacción persona-máquina.
  • Dependencia tecnológica.
  • Falta de comprensión del funcionamiento del sistema.
  • Riesgos psicosociales derivados del control digital o de la exigencia cognitiva.

Por tanto, la tecnología puede ser una aliada de la prevención, pero solo si se implanta correctamente.

Riesgos tradicionales en escenarios nuevos

Uno de los errores más frecuentes es pensar que los empleos verdes traen únicamente riesgos nuevos. En realidad, muchas veces lo que ocurre es que riesgos ya conocidos aparecen en contextos diferentes.

Por ejemplo:

  • El riesgo de caída en altura ya existía, pero ahora aparece con fuerza en instalaciones fotovoltaicas.
  • El riesgo eléctrico ya existía, pero se intensifica en sistemas de almacenamiento energético.
  • El riesgo químico ya existía, pero puede complicarse en procesos de reciclaje o con nuevos materiales.
  • El riesgo ergonómico ya existía, pero puede cambiar con nuevas formas de producción.
  • El riesgo psicosocial ya existía, pero puede aumentar con la presión de la digitalización, la automatización o la incertidumbre laboral.

La prevención debe adaptarse a estos nuevos escenarios. No basta con copiar evaluaciones de riesgos antiguas. Hay que revisar tareas, equipos, materiales, procedimientos, formación y coordinación empresarial.

Sectores especialmente afectados

Según el documento del INSST, los empleos verdes afectan a múltiples sectores. Entre los más relevantes se encuentran:

  • Construcción y rehabilitación energética.
  • Energías renovables.
  • Transporte sostenible.
  • Gestión y reciclaje de residuos.
  • Industria manufacturera.
  • Agricultura, silvicultura y pesca.
  • Tratamiento de aguas.
  • Consultoría, ingeniería y servicios técnicos.
  • Actividades relacionadas con biodiversidad y protección ambiental.

El propio documento señala que las tecnologías con mayor impacto en seguridad y salud laboral se concentran especialmente en construcción, transporte, gestión y reciclado de residuos, almacenamiento y distribución de energía, fabricación ecológica, robótica, automatización, nanotecnología, energía eólica, bioenergía y energías renovables a pequeña escala.

Esto tiene una consecuencia práctica muy importante: cada vez más empresas, aunque no se consideren “empresas verdes”, van a tener que integrar criterios preventivos asociados a la transición ecológica.

Los grandes retos preventivos de los empleos verdes

El INSST identifica varios factores transversales que pueden dificultar la gestión preventiva en los empleos verdes. Entre ellos destacan:

Formación y cualificación

La velocidad con la que crecen algunos sectores puede provocar que se incorporen trabajadores sin la capacitación adecuada.

Esto es especialmente delicado en actividades como:

  • Instalación de placas solares.
  • Trabajos eléctricos.
  • Manejo de baterías.
  • Tratamiento de residuos.
  • Uso de maquinaria automatizada.
  • Manipulación de nuevos materiales.

La formación preventiva debe ser específica, actualizada y adaptada a la realidad del puesto. No basta con una formación genérica.

Subcontratación y descentralización

Muchos empleos verdes se desarrollan en centros de trabajo dispersos, obras, instalaciones de clientes, cubiertas, parques energéticos, plantas industriales o espacios al aire libre.

Además, es frecuente la intervención de contratas, subcontratas, autónomos y pequeñas empresas.

Esto complica:

  • La coordinación de actividades empresariales.
  • La supervisión de los trabajos.
  • El control documental.
  • La comprobación de la formación.
  • La vigilancia de las condiciones reales de trabajo.

El INSST advierte que la descentralización de los procesos y el incremento de la subcontratación pueden dificultar la supervisión preventiva y el acceso a recursos adecuados en seguridad y salud laboral.

Evaluaciones de riesgos desactualizadas

Cuando una empresa introduce nuevos materiales, nuevas tecnologías o nuevos procesos, debe revisar su evaluación de riesgos.

La evaluación preventiva no puede quedarse congelada mientras la empresa cambia.

Debe actualizarse cuando se produzcan modificaciones en:

  • Equipos de trabajo.
  • Sustancias utilizadas.
  • Procedimientos.
  • Organización del trabajo.
  • Lugares de trabajo.
  • Formación necesaria.
  • Tareas asignadas.
  • Subcontratación.
  • Condiciones ambientales.

La transición ecológica exige una prevención viva, no una carpeta decorativa.

Conflicto entre objetivo ambiental y seguridad laboral

Otro punto muy interesante del documento es que, en algunos casos, puede producirse una tensión entre el objetivo medioambiental y la seguridad laboral.

Por ejemplo, una empresa puede querer reciclar, reutilizar, reducir emisiones o emplear nuevos materiales más sostenibles, pero si no analiza correctamente los riesgos asociados, puede generar exposiciones peligrosas o procedimientos inseguros.

La sostenibilidad no debe implantarse a costa de la seguridad de las personas trabajadoras.

Qué deben hacer las empresas ante los empleos verdes

Las empresas que ya trabajan en sectores verdes o que están adaptando su actividad a criterios ambientales deberían adoptar una actitud preventiva anticipada.

Algunas actuaciones clave son:

1. Revisar la evaluación de riesgos

Cualquier cambio tecnológico, ambiental, productivo u organizativo debe reflejarse en la evaluación de riesgos.

Esto incluye nuevas tareas, nuevos equipos, nuevos materiales, nuevas ubicaciones de trabajo y nuevas formas de organización.

2. Analizar los riesgos emergentes

No todos los riesgos estarán perfectamente identificados desde el principio. Por eso es importante aplicar un criterio preventivo prudente, especialmente ante materiales, sustancias o tecnologías novedosas.

Cuando exista incertidumbre, debe reforzarse el control.

3. Formar específicamente a las personas trabajadoras

La formación debe centrarse en la tarea real, no en conceptos genéricos.

Un trabajador que instala placas solares en cubierta necesita formación específica en trabajos en altura, riesgo eléctrico, manipulación de cargas, condiciones meteorológicas, uso de equipos de protección y procedimientos de emergencia.

Un trabajador de reciclaje necesita conocer los riesgos de los residuos que manipula, los agentes químicos o biológicos posibles, los equipos de protección y los protocolos de actuación.

4. Mejorar la coordinación de actividades empresariales

En sectores con alta subcontratación, la coordinación preventiva es esencial.

No basta con pedir papeles. Hay que comprobar que las empresas concurrentes conocen los riesgos, aplican procedimientos seguros y disponen de personal formado y autorizado.

5. Integrar la prevención desde el diseño

La prevención debe incorporarse en la fase inicial: antes de comprar una máquina, instalar una tecnología, diseñar un proceso o iniciar un nuevo servicio.

El INSST insiste en la importancia de actuar desde la planificación, la organización de los trabajos, la adquisición de maquinaria y equipos, la formación especializada y el desarrollo del conocimiento técnico.

Conclusión: no hay transición verde sin prevención

Los empleos verdes son una oportunidad para avanzar hacia una economía más sostenible, innovadora y responsable. Pero esa transformación no será completa si no garantiza también la seguridad y salud de las personas trabajadoras.

La prevención de riesgos laborales debe estar presente en todo el proceso de transición ecológica: desde el diseño de los puestos hasta la formación, la evaluación de riesgos, la coordinación empresarial y la vigilancia de la salud.

El mensaje es claro: una empresa verdaderamente sostenible no es solo la que reduce su impacto ambiental, sino también la que protege a las personas que hacen posible su actividad.

La sostenibilidad empieza por el medioambiente, sí. Pero también empieza por cuidar a quienes trabajan.