La investigación judicial por la explosión ocurrida en noviembre de 2024 en la planta de Industrias Climber, en Ibi, vuelve a poner sobre la mesa una cuestión esencial en prevención de riesgos laborales: la importancia del mantenimiento real, documentado y eficaz de los equipos de trabajo.

Según ha publicado la Cadena SER, el Juzgado de Instrucción número 2 de Ibi investiga ya a diez personas por la explosión que causó la muerte de tres trabajadores. Entre los investigados figuran ocho personas físicas y dos personas jurídicas: la propia empresa y la mercantil responsable del mantenimiento técnico de la maquinaria siniestrada. La causa se mantiene abierta por presuntos delitos de homicidio y lesiones por imprudencia, daños por imprudencia y delito contra los derechos de los trabajadores.

De acuerdo con las investigaciones citadas por distintos medios, la caldera siniestrada presentaba presuntamente graves deficiencias de mantenimiento, así como reformas y reparaciones no autorizadas ni homologadas conforme a la normativa vigente sobre equipos a presión.

El mantenimiento no es solo una cuestión técnica: también es prevención

En muchas empresas, el mantenimiento de los equipos se sigue viendo como una cuestión puramente productiva: evitar averías, reducir paradas, mantener la producción o alargar la vida útil de la maquinaria.

Sin embargo, desde el punto de vista preventivo, el mantenimiento tiene una dimensión mucho más profunda. Un equipo de trabajo en mal estado, manipulado incorrectamente o reparado sin garantías puede convertirse en una fuente de riesgo grave para las personas trabajadoras.

La seguridad de una máquina, una instalación o un equipo no depende únicamente de que funcione. Depende de que funcione en condiciones seguras.

Una caldera, un compresor, una carretilla elevadora, una plataforma elevadora, una línea de producción, una máquina de corte o cualquier equipo sometido a esfuerzo, presión, temperatura o movimiento debe mantenerse conforme a las instrucciones del fabricante, la normativa aplicable y las condiciones reales de uso.

Equipos a presión: un riesgo especialmente crítico

Los equipos a presión merecen una atención especial. Calderas, depósitos, compresores, acumuladores o instalaciones sometidas a presión pueden generar consecuencias muy graves si no se revisan adecuadamente.

En estos casos, no basta con que el equipo “arranque” o “siga funcionando”. Deben controlarse aspectos como:

  • Estado general del equipo.
  • Presencia de fugas, corrosión o deformaciones.
  • Sistemas de seguridad.
  • Válvulas y dispositivos de alivio.
  • Presiones de trabajo.
  • Reparaciones realizadas.
  • Modificaciones introducidas.
  • Revisiones periódicas.
  • Inspecciones reglamentarias.
  • Documentación técnica.
  • Intervenciones de empresas mantenedoras autorizadas cuando proceda.

Cuando un equipo sometido a presión presenta deficiencias, el riesgo no suele ser menor. Puede afectar no solo al trabajador que lo manipula, sino también a otras personas presentes en la instalación, a empresas colindantes o a terceros.

Las modificaciones no autorizadas pueden alterar completamente la seguridad del equipo

Uno de los aspectos más relevantes en este tipo de sucesos es la posible existencia de modificaciones, reformas o reparaciones no autorizadas.

Modificar un equipo de trabajo sin control técnico puede alterar sus condiciones de seguridad originales. Una reparación improvisada, una pieza no adecuada, una soldadura sin garantías, una anulación de un sistema de seguridad o una intervención no homologada pueden convertir un equipo aparentemente operativo en un riesgo grave.

Por eso, en prevención de riesgos laborales debe quedar claro que no todo mantenimiento es válido.

El mantenimiento debe ser:

  • Técnico.
  • Documentado.
  • Conforme al fabricante.
  • Conforme a la normativa aplicable.
  • Realizado por personal competente.
  • Revisado cuando afecte a elementos críticos de seguridad.
  • Integrado dentro de la gestión preventiva de la empresa.

La frase “siempre se ha hecho así” no puede ser un criterio preventivo. Tampoco lo puede ser “la máquina todavía funciona”.

La documentación preventiva debe reflejar la realidad

En prevención hay una diferencia enorme entre tener papeles y tener controlado el riesgo.

Una empresa puede disponer de evaluación de riesgos, planificación preventiva, registros de mantenimiento y procedimientos, pero si en la práctica los equipos presentan deficiencias graves o se intervienen sin garantías, la prevención se queda en el papel.

Por eso, el mantenimiento debe estar integrado dentro del sistema preventivo de la empresa. No puede funcionar como un departamento aislado.

La evaluación de riesgos debe tener en cuenta el estado real de los equipos, las condiciones de uso, las tareas de mantenimiento, las intervenciones previsibles, las operaciones de limpieza, los arranques, las paradas, las averías y las situaciones anómalas.

Además, la planificación preventiva debe recoger medidas concretas cuando se detecten deficiencias: responsables, plazos, medios y seguimiento.

La coordinación con empresas mantenedoras también es clave

Cuando el mantenimiento lo realiza una empresa externa, la coordinación de actividades empresariales adquiere especial importancia.

La empresa titular del centro de trabajo y la empresa mantenedora deben intercambiar información sobre los riesgos existentes, las medidas preventivas, las condiciones de intervención, los permisos de trabajo cuando proceda y las instrucciones específicas aplicables.

Además, debe quedar claro quién puede intervenir sobre el equipo, en qué condiciones, con qué autorización y qué documentación debe generarse tras la actuación.

En equipos críticos, una reparación o modificación no puede quedar reducida a una actuación verbal o informal. Debe existir trazabilidad.

Qué debería revisar una empresa

A raíz de este tipo de sucesos, cualquier empresa que utilice maquinaria, instalaciones industriales o equipos sometidos a presión debería preguntarse si realmente tiene controlado el mantenimiento preventivo.

Algunas cuestiones básicas serían:

  • ¿Existe inventario actualizado de equipos de trabajo?
  • ¿Se conocen los equipos sometidos a normativa específica?
  • ¿Se conservan manuales, certificados e instrucciones del fabricante?
  • ¿Se realizan revisiones periódicas?
  • ¿Se documentan las intervenciones?
  • ¿Se han producido modificaciones o reparaciones relevantes?
  • ¿Han sido autorizadas y homologadas cuando proceda?
  • ¿Se revisan los dispositivos de seguridad?
  • ¿Se paraliza el equipo cuando presenta deficiencias graves?
  • ¿El personal de mantenimiento está formado y autorizado?
  • ¿Se coordinan correctamente las empresas externas?
  • ¿La evaluación de riesgos recoge las operaciones de mantenimiento?
  • ¿Existe procedimiento para averías, bloqueo, consignación o parada segura?

Estas preguntas no son burocracia. Son prevención real.

La paralización de un equipo también es una medida preventiva

Una de las decisiones más difíciles en muchas empresas es parar un equipo que produce.

Pero cuando un equipo presenta deficiencias graves, la paralización puede ser la única medida preventiva razonable.

La presión productiva nunca debería imponerse a la seguridad. Mantener en funcionamiento un equipo peligroso puede generar responsabilidades administrativas, civiles e incluso penales si se produce un accidente grave.

La prevención eficaz exige asumir que hay momentos en los que seguir produciendo no es una opción segura.

Conclusión

La investigación de la explosión de Industrias Climber recuerda una realidad incómoda: los accidentes graves rara vez aparecen de la nada. Muchas veces vienen precedidos de señales, deficiencias, reparaciones improvisadas, advertencias no atendidas o decisiones organizativas equivocadas.

El mantenimiento de los equipos de trabajo no puede entenderse como una simple tarea técnica o productiva. Es una obligación preventiva esencial.

Una máquina que funciona no siempre es una máquina segura. Y una revisión anotada en un papel no siempre significa que el riesgo esté controlado.

La verdadera prevención está en revisar, documentar, corregir, paralizar cuando sea necesario y no permitir que la producción pase por encima de la seguridad de las personas.