El Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo celebró ayer la jornada técnica “Estrés térmico y radiación UV: retos y soluciones ante el cambio climático en el ámbito laboral”, un encuentro que puso sobre la mesa una idea clara: el cambio climático ya no es solo un problema ambiental, sino una realidad que está modificando las condiciones de trabajo y obligando a las empresas a revisar su gestión preventiva.

La jornada abordó dos riesgos especialmente relevantes en este nuevo escenario: el estrés térmico por calor y la exposición a radiación solar ultravioleta. Ambos afectan de forma directa a sectores con trabajos al aire libre, pero también a actividades desarrolladas en interiores con elevada carga térmica o ventilación deficiente.

El propio INSST enmarcó la jornada en la necesidad de analizar el impacto del cambio climático sobre la seguridad y salud laboral, señalando que el aumento de las temperaturas, la radiación ultravioleta, la contaminación atmosférica y los fenómenos meteorológicos extremos incrementan la probabilidad de enfermedades asociadas al calor, alergias, infecciones, lesiones, trastornos mentales y determinados tipos de cáncer.

Una jornada para cambiar la mirada preventiva

La apertura institucional corrió a cargo de Aitana Garí Pérez, directora del INSST. El mensaje de fondo fue que la prevención no puede seguir interpretando los riesgos climáticos como algo puntual o estacional. El calor extremo, la exposición solar y los fenómenos meteorológicos adversos deben integrarse en la evaluación de riesgos, la planificación preventiva y la organización real del trabajo.

Esta idea es importante porque muchas empresas todavía gestionan el calor con medidas demasiado básicas: agua, recomendaciones generales y poco más. Pero la jornada apuntó hacia un enfoque más completo: anticipación, organización del trabajo, vigilancia de la salud, adaptación de tareas, selección adecuada de EPI y uso de información meteorológica.

Desde una perspectiva preventiva, el cambio es profundo: la empresa ya no debe limitarse a mirar la máquina, el andamio o el producto químico. También debe mirar el entorno climático en el que se trabaja.

Primer bloque: el contexto climático que ya está alterando el trabajo

El primer panel, titulado “En un contexto de cambio climático”, fue moderado por Elena Limón García, del INSST. En este bloque participaron Juan Andrés García-Valero, de la Agencia Estatal de Meteorología, y Ana Casanueva Vicente, de la Universidad de Cantabria.

La intervención de Juan Andrés García-Valero, según el resumen técnico de la jornada, se centró en los cambios recientes observados en las temperaturas en España. Su exposición puso cifras a una realidad que ya se percibe en muchos centros de trabajo: el calentamiento global no es una previsión abstracta, sino una tendencia medible.

Se destacó un incremento aproximado de 1,1 ºC en la temperatura global, con una tendencia de aumento sostenido, y se puso el foco en la aceleración del calentamiento en España, especialmente en primavera y verano. También se explicó que el clima ha dejado de comportarse como un sistema estable: la frecuencia con la que se baten récords de calor ha aumentado de forma significativa respecto a décadas anteriores.

Desde el punto de vista preventivo, esta parte de la jornada es clave. Si las temperaturas extremas son cada vez más frecuentes, las empresas no pueden tratar el calor como una contingencia excepcional. Deben incorporarlo a sus procedimientos ordinarios.

La segunda ponencia del bloque, a cargo de Ana Casanueva Vicente, llevaba por título “¿Qué clima nos espera a finales de siglo? De los cambios globales a los locales”. El programa oficial sitúa su intervención en la proyección climática futura, conectando la escala global con los efectos locales.

La lectura preventiva es clara: la gestión del riesgo climático no puede basarse solo en la experiencia histórica. Lo que “antes era normal” puede dejar de serlo. Las empresas deben trabajar con escenarios actuales y futuros, especialmente si desarrollan actividades al aire libre, en zonas calurosas o con esfuerzos físicos relevantes.

Radiación UV: hacer visible un riesgo que muchas veces no se percibe

El segundo gran bloque fue la mesa redonda “La radiación UV solar: hagámosla visible”, moderada por Pilar Cáceres Armendáriz, del INSST. En ella participaron Mª Jesús Terradillos García, Alba Ballesteros Sastre, Silvia Torres Ruiz, Marc Riera, Paul Voormann y Melania Velázquez Gil.

Este bloque fue especialmente interesante porque la radiación UV presenta una dificultad preventiva evidente: no siempre genera una percepción inmediata de peligro. A diferencia de una máquina sin resguardo o una caída en altura, el daño por radiación solar suele ser progresivo, acumulativo y silencioso.

Efectos para la salud

Mª Jesús Terradillos García, del INSST, intervino en relación con los efectos para la salud de la radiación UV solar. El planteamiento preventivo es especialmente relevante: la exposición solar laboral no debe verse solo como una molestia o una incomodidad, sino como una condición de trabajo que puede tener consecuencias serias para la piel y los ojos.

La radiación UV puede relacionarse con quemaduras, lesiones oculares, envejecimiento cutáneo y determinados tipos de cáncer de piel. Esto obliga a integrar la exposición solar dentro de la evaluación de riesgos cuando la actividad lo requiera, especialmente en construcción, agricultura, jardinería, pesca, limpieza viaria, mantenimiento exterior, obras, logística y otros trabajos al aire libre.

El papel de la Inspección de Trabajo

La participación de Alba Ballesteros Sastre, de la Inspección de Trabajo y Seguridad Social, se centró en las actuaciones de la ITSS. Su presencia en la jornada es relevante porque el riesgo climático ya no es solo una cuestión técnica, sino también una materia de cumplimiento preventivo.

La normativa vigente exige que, cuando se desarrollen trabajos al aire libre o en lugares que no puedan quedar cerrados, se adopten medidas adecuadas frente a fenómenos meteorológicos adversos, incluidas las temperaturas extremas. Además, si existen avisos de nivel naranja o rojo y las medidas preventivas no garantizan la protección de las personas trabajadoras, debe adaptarse la jornada, incluso mediante reducción o modificación de las horas de trabajo. El Real Decreto-ley 4/2023 modificó el Real Decreto 486/1997 precisamente en este sentido.

Aquí conviene evitar un error habitual: no se trata de afirmar de forma simplista que “con aviso naranja o rojo queda prohibido todo trabajo al aire libre”. La clave es otra: la empresa debe evaluar, adoptar medidas y, si no puede garantizar la protección, prohibir determinadas tareas o modificar la jornada durante las horas de riesgo.

EPI frente a radiación solar: ojos, ropa y cremas

Silvia Torres Ruiz, del INSST, abordó los equipos de protección individual en materia de protección ocular y ropa de protección solar. El enfoque es muy práctico: proteger frente al sol no es solo ponerse cualquier gorra o cualquier camiseta.

En trabajos con exposición solar, la selección de EPI debe tener en cuenta la protección frente a radiación UV, la comodidad térmica, la transpirabilidad, la compatibilidad con otros equipos y el tipo de tarea. Una prenda puede proteger bien frente al sol, pero aumentar la carga térmica si no se selecciona correctamente. Ahí está una de las dificultades preventivas: proteger frente a la radiación sin agravar el estrés térmico.

Por su parte, Marc Riera y Paul Voormann participaron en relación con las cremas de protección solar. Este punto también es importante porque las cremas no deben plantearse como una solución aislada, sino como parte de un conjunto de medidas: organización del trabajo, sombra, ropa adecuada, protección ocular, formación y vigilancia de la salud.

La protección solar debe entenderse como una medida complementaria, no como una excusa para mantener exposiciones mal organizadas.

Fotoprotección de los tejidos

La mesa incluyó además la presentación “La fotoprotección de los tejidos”, a cargo de Melania Velázquez Gil, del INSST.

Este punto merece destacarse porque muchas empresas dan por hecho que cualquier ropa de trabajo protege frente al sol. Pero no toda prenda ofrece la misma protección. Influyen el tejido, el color, el grosor, el desgaste, la humedad, el diseño y el uso real.

Desde el punto de vista preventivo, esto abre una línea clara de mejora: las empresas que trabajan al aire libre deberían revisar no solo si entregan ropa de trabajo, sino si esa ropa es adecuada frente a la radiación UV y compatible con las condiciones térmicas del puesto.

Segundo panel técnico: cómo evaluar y gestionar el estrés térmico por calor

Tras la pausa, la jornada continuó con el panel “Actuaciones frente al estrés térmico por calor”, moderado por Mª José García Tomás, del INSST. En este bloque participaron Javier Pla Figueroa, Juan Andrés García-Valero, Mónica Barreiro Andrade y Alicia Guzmán de la Mata.

Este bloque fue probablemente el más técnico desde el punto de vista de la evaluación preventiva.

Metodologías de evaluación del estrés térmico

Javier Pla Figueroa, del INSST, intervino sobre metodologías de evaluación del estrés térmico. Este punto es clave porque el estrés térmico no puede valorarse únicamente con la temperatura del aire.

La exposición al calor depende de varios factores: temperatura, humedad, radiación, velocidad del aire, actividad física, ropa, EPI, duración de la tarea, pausas y características personales del trabajador. Por eso, una evaluación seria debe ir más allá del típico “hace calor”.

En prevención, esto es fundamental: dos trabajadores pueden estar a la misma temperatura ambiental y tener niveles de riesgo muy diferentes si uno realiza esfuerzo intenso al sol con ropa poco transpirable y otro trabaja en sombra, con pausas y menor carga física.

Predicción del índice WBGT

Juan Andrés García-Valero, de AEMET, participó también en este segundo panel con la ponencia sobre el modelo de predicción del índice de estrés térmico WBGT.

El INSST ya había anunciado que esta jornada presentaría el proyecto conjunto entre el Instituto y AEMET para facilitar la predicción del índice WBGT, utilizado en la evaluación del estrés térmico por calor, con participación de órganos competentes en seguridad y salud de las comunidades autónomas a través de la RISST de Agentes Físicos.

Este proyecto tiene mucho interés práctico. En exteriores, medir el estrés térmico en tiempo real puede ser complejo porque las condiciones cambian continuamente. Disponer de modelos predictivos puede ayudar a empresas y servicios de prevención a anticipar el riesgo y reorganizar tareas antes de que el daño se produzca.

Esto supone pasar de una prevención reactiva a una prevención anticipatoria.

Experiencia de medición en Canarias

Mónica Barreiro Andrade, del Instituto Canario de Seguridad y Salud Laboral, presentó una campaña de medición del índice WBGT en Canarias.

Su participación resulta especialmente valiosa porque conecta la metodología con la realidad de campo. Canarias es un territorio especialmente interesante para analizar condiciones de calor, radiación y exposición en actividades laborales. Las campañas de medición permiten bajar la teoría al terreno: comprobar qué ocurre en condiciones reales, qué variables pesan más y qué dificultades aparecen al aplicar métodos técnicos en puestos concretos.

Desde la prevención, este tipo de experiencias son esenciales. No basta con disponer de criterios técnicos; hay que ver cómo se aplican en obras, campos, servicios exteriores, industria, mantenimiento o actividades con exposición variable.

Más allá del golpe de calor

La intervención de Alicia Guzmán de la Mata, del INSST, se centró en los efectos del calor en la salud más allá del golpe de calor.

Este enfoque es muy necesario. En muchas empresas se habla del calor solo pensando en el golpe de calor, que es la consecuencia más grave y visible. Pero antes de llegar ahí pueden aparecer otros efectos: fatiga, pérdida de concentración, calambres, agotamiento, mareos, deshidratación, agravamiento de patologías previas y aumento del riesgo de accidente.

El calor también puede afectar al rendimiento, la atención y la toma de decisiones. Por eso, incluso cuando no se produce un golpe de calor, puede aumentar la probabilidad de caídas, errores, atrapamientos, accidentes de tráfico laboral o incidentes con maquinaria.

La clausura: el objetivo debe ser llegar al verano sin víctimas

La clausura corrió a cargo de Olga Sebastián García, directora del Centro Nacional de Nuevas Tecnologías del INSST.

Según el resumen del vídeo que me has pasado, su mensaje final fue especialmente pragmático: el objetivo debe ser superar el verano sin víctimas por golpe de calor. Esa frase resume bien el sentido de toda la jornada.

La prevención frente al calor no puede quedarse en documentos. Tiene que convertirse en decisiones concretas antes y durante la jornada laboral: cambiar horarios, parar tareas, dar pausas, asegurar hidratación, crear sombra, adaptar ritmos, proteger frente a UV, formar a la plantilla y vigilar especialmente a las personas vulnerables.

La perspectiva preventiva: qué deberían hacer ahora las empresas

La jornada deja una consecuencia práctica clara: las empresas deben revisar cómo están gestionando el calor y la radiación solar. No como campaña de verano, sino como parte de su sistema preventivo.

Antes de los meses de mayor calor, una empresa debería comprobar:

  • Si la evaluación de riesgos contempla estrés térmico y radiación UV.
  • Si se han identificado puestos con exposición solar o carga térmica elevada.
  • Si existen medidas ante avisos meteorológicos adversos.
  • Si se adaptan horarios, tareas y ritmos de trabajo cuando procede.
  • Si se dispone de agua, sombra y zonas de descanso.
  • Si se forman los trabajadores sobre síntomas de alarma.
  • Si se ha previsto cómo actuar ante mareos, calambres, fatiga o confusión.
  • Si la ropa de trabajo protege frente a UV sin agravar innecesariamente el calor.
  • Si se han valorado trabajadores especialmente sensibles.
  • Si la vigilancia de la salud tiene en cuenta la exposición al calor.
  • Si las contratas y subcontratas conocen y aplican las mismas medidas.
  • Si el mando intermedio tiene instrucciones claras para detener o reorganizar tareas.

La clave no está en tener una frase genérica en la evaluación de riesgos. La clave está en que el encargado, el jefe de equipo o el responsable de producción sepa qué hacer cuando hay un aviso meteorológico, cuando sube la temperatura o cuando un trabajador empieza a mostrar síntomas.

Conclusión

La jornada técnica del INSST dejó un mensaje contundente: el cambio climático ya está entrando en los centros de trabajo. No como una idea abstracta, sino como calor, radiación, fatiga, exposición solar, enfermedades, accidentes y decisiones organizativas que deben tomarse a tiempo.

Los ponentes abordaron el problema desde todos los ángulos: la evolución climática, la predicción meteorológica, la radiación UV, los efectos sobre la salud, el papel de la Inspección de Trabajo, la selección de EPI, la fotoprotección de tejidos, la metodología WBGT y las experiencias reales de medición.

La conclusión preventiva es clara: las empresas deben dejar de improvisar ante el calor. Evaluar, anticipar, adaptar y proteger ya no es una recomendación de buena práctica; es una exigencia preventiva ante una realidad climática que está cambiando la forma de trabajar.

Puedes ver la jornada completa en el siguiente enlace: