Ayer hablábamos de cómo una reparación aparentemente rápida en una cubierta puede convertirse en un accidente mortal si no se planifican correctamente los accesos, las protecciones colectivas, los sistemas anticaídas y las condiciones reales de trabajo.
Solo un día después, otro accidente laboral vuelve a poner el foco en el mismo riesgo de fondo: las caídas desde altura.
Un trabajador de unos 50 años falleció ayer en el Movistar Arena de Madrid tras precipitarse desde una altura aproximada de 30 metros mientras realizaba trabajos en la zona del techo del recinto. Según la información publicada, el accidente ocurrió sobre las 14:35 horas en el interior del pabellón, situado en la Plaza de Felipe II. A la llegada del SUMMA 112, el trabajador se encontraba en parada cardiorrespiratoria, y los servicios sanitarios realizaron maniobras de reanimación avanzada durante unos 20 minutos, sin poder salvarle la vida.
Algunos medios han indicado que el trabajador realizaba labores de mantenimiento de telecomunicaciones o trabajos de mejora en antenas de comunicación, y que pertenecía a una empresa externa especializada en trabajos de altura. También se ha publicado que se encontraba en una zona de pasarelas con barandillas situada en la cubierta del recinto, aunque las causas exactas del accidente están siendo investigadas.
Además, tres compañeros que presenciaron el accidente tuvieron que ser atendidos por crisis de ansiedad, y en el lugar intervinieron Bomberos del Ayuntamiento de Madrid y Policía Municipal, que investiga lo ocurrido.
Una pasarela no elimina automáticamente el riesgo
Este accidente permite recordar una cuestión preventiva esencial: la existencia de una pasarela, una barandilla o un acceso técnico no significa que el riesgo de caída haya desaparecido por completo.
En muchos recintos industriales, deportivos, logísticos o de eventos existen zonas técnicas elevadas diseñadas para mantenimiento: pasarelas, cubiertas interiores, estructuras metálicas, techos técnicos, zonas de iluminación, antenas, climatización, telecomunicaciones, sonido, cableado o instalaciones auxiliares.
Estas zonas pueden estar preparadas para el paso de personal técnico, pero eso no convierte cualquier intervención en segura de forma automática.
Una cosa es transitar por una pasarela diseñada para acceso. Otra distinta es realizar una tarea concreta que puede obligar a inclinarse, separarse del recorrido, acceder a un punto lateral, manipular equipos, usar herramientas, trabajar junto a huecos, desmontar elementos, modificar la posición del cuerpo o intervenir en zonas no protegidas.
En trabajos en altura, la pregunta no es solo:
“¿Hay una pasarela?”
La pregunta correcta es:
¿La pasarela, los accesos, las protecciones y los sistemas anticaídas son adecuados para la tarea concreta que se va a realizar hoy?
El riesgo cambia cuando cambia la tarea
Un error frecuente en prevención es evaluar el lugar de trabajo de forma estática, como si el riesgo fuese siempre el mismo.
Pero en trabajos de mantenimiento el riesgo cambia según la intervención.
No es lo mismo:
- pasar por una pasarela;
- revisar visualmente una instalación;
- cambiar una antena;
- manipular cableado;
- acceder a un equipo situado fuera del recorrido protegido;
- retirar una tapa o panel;
- trabajar con ambas manos ocupadas;
- subir herramientas;
- desplazarse por una zona elevada con poca iluminación;
- intervenir cerca de un borde, hueco o desnivel;
- realizar una tarea de urgencia;
- trabajar con presión de tiempo.
Por eso, en mantenimiento técnico no basta con que la instalación disponga de elementos generales de seguridad. Debe existir una evaluación de la tarea concreta.
El riesgo no lo determina solo la altura. Lo determinan también la postura, el acceso, el punto exacto de trabajo, el entorno, la protección colectiva disponible, los EPI, el procedimiento y la posibilidad de rescate.
Trabajos de telecomunicaciones en altura: riesgo técnico y riesgo organizativo
Las tareas de telecomunicaciones suelen asociarse a torres, antenas, cubiertas, fachadas o salas técnicas. Pero también pueden desarrollarse en recintos cerrados de gran altura, como pabellones, estadios, auditorios, naves o centros de eventos.
En estos casos pueden confluir varios riesgos:
- caída desde altura;
- caída a distinto nivel dentro del recinto;
- acceso a zonas técnicas elevadas;
- trabajo cerca de estructuras metálicas;
- manipulación de equipos y cableado;
- riesgo eléctrico;
- falta de iluminación suficiente;
- interferencia con otras instalaciones;
- dificultad de evacuación;
- trabajos con empresa externa;
- necesidad de coordinación con el titular del recinto;
- posible trabajo en zonas poco habituales.
Por tanto, el mantenimiento de telecomunicaciones en altura no debe tratarse como una simple reparación técnica. Debe gestionarse como un trabajo de riesgo especial cuando existe exposición a caída grave.
Coordinación de actividades empresariales: pieza clave
En este tipo de accidentes aparece un elemento habitual: la intervención de una empresa externa en instalaciones de un titular.
Según la información publicada por varios medios, el trabajador fallecido pertenecía a una empresa externa especializada en trabajos de altura.
Esto obliga a poner el foco en la coordinación de actividades empresariales.
Cuando una empresa externa accede a un recinto para realizar trabajos de mantenimiento, no basta con intercambiar documentación de forma genérica. La coordinación debe servir para controlar el trabajo real.
El titular del centro debe informar de los riesgos propios del recinto, de los accesos, de las zonas técnicas, de las condiciones de trabajo, de los recorridos seguros, de las limitaciones existentes, de los sistemas instalados y de las medidas de emergencia.
La empresa contratista debe evaluar su tarea concreta, formar a sus trabajadores, proporcionar equipos adecuados, definir el procedimiento de trabajo, comprobar anclajes o sistemas necesarios y asegurarse de que el personal sabe cómo actuar.
La documentación preventiva no puede convertirse en un trámite previo que nadie aterriza en el trabajo real.
La pregunta decisiva es:
¿La coordinación permitió conocer y controlar el riesgo concreto de esa intervención?
Protección colectiva, sistemas anticaídas y verificación previa
En trabajos temporales en altura, la normativa preventiva da prioridad a la protección colectiva frente a la protección individual. Esto significa que, siempre que sea posible, deben utilizarse soluciones que eviten la caída: barandillas, cerramientos, plataformas, pasarelas protegidas, redes o sistemas de protección perimetral.
Pero cuando la protección colectiva no elimina completamente el riesgo, puede ser necesario utilizar sistemas anticaídas: arnés, elemento de amarre, absorbedor de energía, líneas de vida, puntos de anclaje certificados y equipos compatibles.
Ahora bien, usar arnés no es suficiente por sí solo.
Un sistema anticaídas requiere:
- punto de anclaje adecuado;
- resistencia suficiente;
- compatibilidad de componentes;
- revisión previa del equipo;
- formación específica;
- distancia libre de caída suficiente;
- ausencia de aristas o elementos cortantes;
- procedimiento de trabajo;
- supervisión;
- plan de rescate.
Uno de los grandes errores preventivos en altura es pensar que “llevar arnés” equivale a estar protegido. No siempre es así.
Si no hay un anclaje válido, si el sistema permite una caída pendular, si no hay distancia libre suficiente o si no existe plan de rescate, el arnés puede no evitar el daño grave.
El plan de rescate no es opcional en trabajos de altura
Un aspecto que suele olvidarse en trabajos de altura es el rescate.
Cuando una persona cae y queda suspendida de un sistema anticaídas, el problema no termina porque el arnés haya detenido la caída. Puede aparecer el llamado síndrome del arnés o trauma por suspensión, además de lesiones derivadas del impacto o de la propia caída.
Por eso, antes de iniciar un trabajo en altura debe estar previsto cómo se rescataría a una persona accidentada.
En un recinto de gran altura, como un pabellón o una zona técnica elevada, el rescate puede ser especialmente complejo. No siempre es fácil acceder al punto exacto, bajar al trabajador, maniobrar con camillas, utilizar medios de emergencia o actuar en espacios estrechos.
Por tanto, la prevención debe preguntarse antes:
- ¿Cómo se accederá al trabajador si ocurre una caída?
- ¿Qué medios hay disponibles?
- ¿Quién activa la emergencia?
- ¿Quién dirige la actuación?
- ¿El personal sabe qué hacer?
- ¿Se ha contemplado la intervención de bomberos?
- ¿Puede rescatarse con rapidez?
- ¿Hay comunicación efectiva desde la zona técnica?
Improvisar un rescate después del accidente es llegar tarde.
El impacto psicológico también forma parte del accidente
En este caso, tres compañeros tuvieron que ser atendidos por crisis de ansiedad tras presenciar la caída mortal.
Este dato no es menor.
Los accidentes laborales graves no afectan solo a la víctima directa. También impactan en compañeros, mandos, equipos de emergencia, testigos y personas que participaron en la intervención.
Desde la perspectiva preventiva, una empresa debe contemplar también la atención posterior a un accidente grave: apoyo psicológico, comunicación interna adecuada, investigación sin culpabilización precipitada, acompañamiento al equipo y revisión profunda de las condiciones de trabajo.
La prevención no termina cuando se levanta el atestado. Después de un accidente mortal, empieza una obligación ética y técnica: entender qué ha ocurrido y evitar que vuelva a pasar.
Investigar no es buscar una explicación rápida
Las causas exactas del accidente están siendo investigadas por la Policía Municipal de Madrid, según han informado varios medios.
Hasta que la investigación concluya, no debe prejuzgarse qué ocurrió. Pero sí pueden plantearse las preguntas preventivas que cualquier investigación seria debería abordar:
- ¿Qué tarea concreta realizaba el trabajador?
- ¿Dónde se encontraba exactamente?
- ¿La zona estaba diseñada para esa intervención?
- ¿Existían barandillas, líneas de vida o puntos de anclaje?
- ¿Se estaban utilizando EPI anticaídas?
- ¿La protección colectiva era suficiente?
- ¿Hubo que salir de la pasarela o acceder a una zona no protegida?
- ¿Había procedimiento de trabajo?
- ¿Se había realizado permiso de trabajo en altura?
- ¿La empresa titular informó de los riesgos del recinto?
- ¿La empresa contratista evaluó la tarea concreta?
- ¿Había supervisión?
- ¿Existía plan de rescate?
- ¿La iluminación y las condiciones del entorno eran adecuadas?
- ¿Había presión de tiempo o condicionantes organizativos?
- ¿Se habían realizado trabajos similares previamente?
- ¿Existían incidentes o advertencias anteriores?
La investigación preventiva no debe quedarse en “se cayó”. Eso solo describe el resultado. Lo importante es saber por qué las barreras preventivas no evitaron la caída.
La prevención en altura debe verificarse cada vez
Una de las grandes lecciones de este tipo de accidentes es que la seguridad en trabajos en altura no puede darse por supuesta.
Aunque el trabajador tenga experiencia.
Aunque la empresa sea especializada.
Aunque exista una pasarela.
Aunque haya barandillas.
Aunque la tarea parezca habitual.
Aunque se haya hecho otras veces.
Cada intervención debe verificarse.
Esto significa revisar, antes de empezar:
- el acceso;
- la zona exacta de trabajo;
- la protección colectiva;
- los puntos de anclaje;
- los EPI;
- la iluminación;
- las condiciones del entorno;
- la comunicación;
- el procedimiento;
- la coordinación empresarial;
- el plan de rescate.
En trabajos en altura, la experiencia no sustituye a la comprobación.
Qué deberían revisar las empresas con recintos técnicos elevados
Este accidente debe servir para que empresas titulares de recintos deportivos, auditorios, centros logísticos, naves industriales, teatros, centros comerciales, instalaciones públicas o grandes edificios revisen sus zonas técnicas elevadas.
Algunas preguntas básicas serían:
- ¿Están identificadas todas las zonas con riesgo de caída?
- ¿Las pasarelas son adecuadas para todas las tareas que se realizan?
- ¿Hay zonas donde el trabajador deba salir del recorrido protegido?
- ¿Existen puntos de anclaje certificados y revisados?
- ¿Las barandillas cumplen su función en todo el recorrido?
- ¿Hay huecos, desniveles o zonas no protegidas?
- ¿Los trabajos de mantenimiento requieren permisos específicos?
- ¿Las empresas externas reciben información real del recinto?
- ¿Se controla la coordinación de actividades empresariales?
- ¿Existe plan de rescate adaptado al recinto?
- ¿Se ha formado al personal que accede a esas zonas?
- ¿Se supervisan los trabajos de riesgo?
- ¿Se investigan incidentes o casi accidentes?
Si un recinto tiene zonas técnicas a 20, 30 o más metros de altura, no puede gestionarlas como simples zonas de paso.
Conclusión
La caída mortal ocurrida en el Movistar Arena recuerda que los trabajos en altura siguen siendo uno de los riesgos más graves de la prevención laboral.
Ayer hablábamos de cubiertas y reparaciones aparentemente rápidas. Hoy, este nuevo accidente obliga a ampliar la mirada: también en recintos técnicos, pasarelas interiores, zonas de mantenimiento, telecomunicaciones y estructuras elevadas, el riesgo de caída debe evaluarse y verificarse antes de cada intervención.
La existencia de una pasarela o una barandilla no elimina por sí sola todos los riesgos. La protección debe ser adecuada para la tarea concreta, la coordinación debe ser real y el plan de rescate debe estar previsto antes de iniciar los trabajos.
En altura, la prevención no puede basarse en la confianza. Debe basarse en la comprobación.
Porque una sola caída puede no dar ninguna segunda oportunidad.