El Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo ha celebrado recientemente el webinario “Emisiones de motores diésel. Exposición laboral”, una actividad formativa online dirigida a trabajadores, empresarios, prevencionistas y profesionales relacionados con la evaluación y control del riesgo químico. Según el propio INSST, el objetivo de la jornada fue exponer la situación actual de la exposición laboral a emisiones de motores diésel, su evaluación y las medidas preventivas para su control.

La elección del tema no es menor. Las emisiones de motores diésel siguen estando presentes en numerosos centros de trabajo: talleres, estaciones de ITV, almacenes, muelles de carga, garajes, parkings, obras, túneles, minería, puertos, aeropuertos, instalaciones logísticas, transporte, mantenimiento de maquinaria y actividades con vehículos o equipos diésel en funcionamiento.

El problema es que muchas veces este riesgo se infravalora porque no siempre se ve. Puede no haber una gran nube negra de humo y, aun así, existir exposición relevante a contaminantes procedentes de la combustión diésel.

No es solo olor a gasoil: es un riesgo químico

Las emisiones de motores diésel son una mezcla compleja de gases, vapores y partículas generadas durante la combustión del combustible. Pueden contener partículas finas, carbono elemental, hidrocarburos aromáticos policíclicos, óxidos de nitrógeno, monóxido de carbono y otros compuestos derivados del proceso de combustión.

Desde el punto de vista preventivo, esto tiene una consecuencia clara: no estamos ante una simple molestia ambiental ni ante un problema de confort. Estamos ante un riesgo químico que puede afectar a la salud de las personas trabajadoras.

El INSST incluye las emisiones de motores diésel dentro de sus materiales divulgativos sobre agentes cancerígenos y advierte expresamente de que la exposición a estas emisiones puede producir cáncer de pulmón. También señala que existen medidas preventivas para evitar o minimizar la exposición en los sectores productivos donde este riesgo está presente.

Por tanto, la frase “solo son humos” se queda peligrosamente corta.

Las emisiones diésel están incluidas en el Real Decreto de agentes cancerígenos

La clave normativa está en el Real Decreto 665/1997, sobre protección de las personas trabajadoras contra los riesgos relacionados con la exposición a agentes cancerígenos durante el trabajo.

Tras la modificación introducida por el Real Decreto 427/2021, el anexo I del Real Decreto 665/1997 incluye expresamente los trabajos que supongan exposición a emisiones de motores diésel dentro de la lista de sustancias, mezclas y procedimientos considerados a efectos de la normativa sobre agentes cancerígenos.

Esto es fundamental.

No se trata solo de evaluar “humos” de forma genérica. Si en el centro de trabajo hay exposición a emisiones de motores diésel, la empresa debe abordar el riesgo conforme al marco preventivo aplicable a agentes cancerígenos, con las obligaciones reforzadas que ello supone.

Además, el INSST recordó, en relación con las instalaciones de ITV, que la publicación del Real Decreto 427/2021 supuso precisamente la inclusión de los trabajos con exposición a emisiones de motor diésel en el anexo I del Real Decreto 665/1997.

Valor límite: carbono elemental como indicador

La normativa incorpora un valor límite para las emisiones de motores diésel medido como fracción respirable de carbono elemental.

El Real Decreto 612/2024 recoge para las emisiones de motores diésel un valor de 0,05 mg/m³, con aplicación general desde el 21 de febrero de 2023. Para minería subterránea y construcción de túneles, la aplicación del valor límite se difiere hasta el 21 de febrero de 2026.

Este punto debe explicarse bien.

No se mide “el humo” como concepto visual. Se utiliza el carbono elemental como marcador representativo de la fracción particulada de las emisiones diésel. Por eso, en higiene industrial, la evaluación debe realizarse mediante criterios técnicos adecuados y, cuando proceda, mediciones representativas de la exposición de las personas trabajadoras.

Dicho de forma sencilla: que el ambiente no parezca cargado no significa necesariamente que la exposición sea inexistente.

Dónde puede aparecer este riesgo

La exposición laboral a emisiones diésel puede producirse en muchos más lugares de los que suele imaginarse.

Algunos ejemplos habituales son:

  • Talleres mecánicos.
  • Estaciones de ITV.
  • Garajes y parkings cerrados.
  • Muelles de carga y descarga.
  • Almacenes con carretillas diésel.
  • Centros logísticos.
  • Obras con maquinaria móvil.
  • Túneles.
  • Minería subterránea.
  • Puertos.
  • Aeropuertos.
  • Plataformas logísticas.
  • Servicios de emergencia.
  • Mantenimiento de vehículos.
  • Empresas de transporte.
  • Recogida de residuos.
  • Grupos electrógenos diésel.
  • Recintos industriales con vehículos en marcha.

La exposición puede afectar tanto a quien manipula directamente el vehículo o equipo como a otros trabajadores situados en la zona: personal administrativo que entra en naves, operarios de almacén, personal de mantenimiento, inspectores, encargados, conductores, personal de limpieza o trabajadores de empresas concurrentes.

El INSST, al analizar el caso de las ITV, señala precisamente que cuando un vehículo accede a una instalación de inspección, el motor permanece en marcha gran parte del tiempo y los humos emitidos pueden ser inhalados por el personal que permanece allí durante la jornada. También advierte que pueden existir otros puestos no implicados directamente en la emisión, como oficinas, recepción o caja, que entran regularmente en la zona de mayor contaminación.

El error de confiar solo en abrir puertas

En muchos centros de trabajo, la medida utilizada frente a los humos diésel es simplemente abrir puertas o confiar en la ventilación general.

Esto puede ayudar, pero no siempre es suficiente.

La ventilación general diluye el contaminante, pero no evita necesariamente que el trabajador respire emisiones en la zona donde se generan. En higiene industrial, el principio preventivo más eficaz es actuar lo más cerca posible del foco.

El INSST lo explica claramente para las ITV: la implantación de un sistema de extracción que capture los humos directamente en el tubo de escape impide la puesta en suspensión y dispersión de los contaminantes por el ambiente de trabajo. Además, indica que las medidas que actúan sobre el foco emisor son prioritarias y de gran eficacia.

Esta idea es aplicable a muchos entornos: cuando sea posible, la mejor estrategia no es dejar que el contaminante se disperse y luego intentar ventilar, sino capturarlo en origen.

Jerarquía preventiva: eliminar, sustituir, controlar

Al tratarse de un riesgo químico y, además, de una exposición incluida en la normativa de agentes cancerígenos, la empresa debe aplicar una lógica preventiva exigente.

La primera pregunta debería ser: ¿puede eliminarse la fuente de exposición?

Por ejemplo:

  • Sustituir equipos diésel por eléctricos o por alternativas menos contaminantes.
  • Evitar el uso de motores diésel en interiores.
  • Apagar motores cuando no sea imprescindible mantenerlos encendidos.
  • Reorganizar recorridos para reducir presencia de vehículos en zonas ocupadas.
  • Separar físicamente zonas de emisión y zonas de permanencia.

Si no puede eliminarse completamente, debe reducirse la exposición al nivel más bajo técnicamente posible.

Entre las medidas preventivas pueden incluirse:

  • Extracción localizada en el punto de emisión.
  • Ventilación adecuada, diseñada y mantenida.
  • Sistemas de captación en tubos de escape.
  • Mantenimiento preventivo de motores.
  • Reducción de tiempos con motor al ralentí.
  • Sustitución progresiva de maquinaria diésel.
  • Organización de la circulación interior.
  • Limitación de acceso a zonas contaminadas.
  • Separación de puestos administrativos de zonas de emisión.
  • Procedimientos de trabajo seguros.
  • Señalización de zonas con exposición.
  • Formación e información específica.
  • Evaluación higiénica mediante mediciones representativas.
  • Vigilancia de la salud adecuada al riesgo.

El equipo de protección respiratoria puede ser necesario en determinadas situaciones, pero no debería ser la medida principal si pueden aplicarse medidas técnicas u organizativas más eficaces.

Evaluación higiénica: no basta con “oler” el riesgo

Una mala práctica habitual es valorar este riesgo por percepción subjetiva:

“Hoy huele mucho.”
“Hoy no huele.”
“Se ve humo.”
“No se ve humo.”

Ese enfoque es insuficiente.

La exposición debe evaluarse técnicamente, especialmente cuando hay vehículos o motores diésel funcionando en lugares cerrados o semiabiertos, o cuando los trabajadores permanecen durante periodos relevantes cerca de la fuente de emisión.

El webinario del INSST abordó precisamente los estudios de exposición en diversas actividades, así como la evaluación y control de este riesgo.

Una evaluación adecuada debería analizar:

  • Qué motores diésel se utilizan.
  • Dónde funcionan.
  • Cuánto tiempo permanecen encendidos.
  • Si están en interiores, exteriores o zonas semiabiertas.
  • Cuántos trabajadores están expuestos.
  • Qué tareas realizan y durante cuánto tiempo.
  • Si hay ralentí prolongado.
  • Si existen sistemas de extracción.
  • Si la ventilación es suficiente.
  • Si hay puestos cercanos no directamente implicados.
  • Qué mantenimiento reciben los motores.
  • Si hay posibilidad de sustitución o electrificación.
  • Si procede realizar mediciones personales o ambientales.

Y, sobre todo, debe evitarse una evaluación genérica que diga “exposición a humos” sin caracterizar realmente el riesgo.

Sectores donde conviene revisar este riesgo

Hay actividades donde esta exposición debería revisarse con especial cuidado:

ITV

Las ITV son un ejemplo muy claro, porque los vehículos permanecen en marcha durante buena parte de la inspección y los trabajadores pueden estar expuestos de forma continuada. El INSST ha publicado recomendaciones específicas sobre medidas de prevención en estas instalaciones, destacando la captura directa de los humos de escape como buena práctica.

Talleres mecánicos

En talleres, los motores pueden permanecer encendidos durante pruebas, diagnósticos, reparaciones, verificaciones o maniobras. Si el local no tiene extracción adecuada o si se trabaja cerca del escape, el riesgo puede ser relevante.

Almacenes y logística

En almacenes cerrados o muelles de carga, el uso de carretillas diésel, camiones en ralentí o maquinaria móvil puede generar exposición para operarios, carretilleros, mozos, conductores y personal de oficina cercano.

Obras, túneles y minería

En espacios cerrados, subterráneos o con ventilación limitada, la exposición puede ser especialmente crítica. Por eso la normativa prevé una aplicación específica del valor límite en minería subterránea y construcción de túneles a partir de febrero de 2026.

Garajes, parkings y mantenimiento de flotas

Los vehículos entrando, saliendo o permaneciendo encendidos pueden generar acumulación de contaminantes, especialmente si la ventilación no es suficiente.

Coordinación de actividades empresariales

Este riesgo también tiene una dimensión importante de coordinación empresarial.

En un centro logístico, una fábrica, una ITV, un puerto o una obra pueden entrar vehículos de empresas externas: transportistas, subcontratas, mantenimiento, proveedores, repartidores o maquinaria alquilada.

La empresa titular no puede limitarse a evaluar solo sus propios equipos si en la práctica entran motores diésel de terceros que generan exposición.

Aquí debe aplicarse una coordinación real:

  • Normas sobre motores al ralentí.
  • Recorridos definidos.
  • Zonas de espera.
  • Límites de acceso.
  • Información a empresas concurrentes.
  • Señalización.
  • Medidas de ventilación.
  • Procedimientos de carga y descarga.
  • Control de permanencia en interiores.
  • Comunicación de incidencias.

La exposición no entiende de quién es el vehículo. Si el contaminante está en el ambiente de trabajo, puede afectar a todos los que estén allí.

Vigilancia de la salud

El Real Decreto 665/1997 incluye recomendaciones prácticas para la vigilancia de la salud de trabajadores expuestos a agentes cancerígenos, mutágenos o reprotóxicos. Entre otras cuestiones, señala que el médico o autoridad responsable debe estar familiarizado con las condiciones o circunstancias de exposición de cada trabajador, y que la vigilancia debe incluir al menos registro de antecedentes médicos y profesionales, entrevista personal y, en su caso, control biológico o detección de efectos precoces y reversibles.

En la práctica, esto significa que la vigilancia de la salud debe estar conectada con la evaluación de riesgos. No puede plantearse de forma aislada.

Si una persona trabaja de forma habitual en un ambiente con emisiones diésel, el área sanitaria del servicio de prevención debe conocer esa exposición y valorar los protocolos o actuaciones adecuadas conforme al riesgo.

Prevención real: lo que debería preguntarse una empresa

Una empresa que tenga vehículos o equipos diésel debería revisar, al menos, estas cuestiones:

  • ¿Hay motores diésel funcionando en interiores o zonas semiabiertas?
  • ¿Durante cuánto tiempo permanecen encendidos?
  • ¿Hay trabajadores cerca de los tubos de escape?
  • ¿Se permite el ralentí innecesario?
  • ¿Existen sistemas de extracción localizada?
  • ¿La ventilación general es suficiente?
  • ¿Se ha medido la exposición cuando procede?
  • ¿Se usa carbono elemental como indicador de exposición?
  • ¿Hay posibilidad de sustituir equipos por eléctricos?
  • ¿Se realiza mantenimiento preventivo de motores?
  • ¿Se informa y forma a los trabajadores?
  • ¿Se aplica coordinación con transportistas y empresas externas?
  • ¿Se ha actualizado la evaluación tras la inclusión de este riesgo como cancerígeno?
  • ¿La vigilancia de la salud contempla esta exposición?

Si la empresa no sabe responder, probablemente tiene que revisar su gestión preventiva.

Conclusión

Las emisiones de motores diésel son un riesgo laboral que muchas empresas siguen asociando a una simple molestia o a un problema de ventilación. Pero la normativa y el criterio técnico son claros: los trabajos que supongan exposición a estas emisiones están incluidos en el marco de protección frente a agentes cancerígenos.

Esto obliga a tomarse el riesgo en serio.

No basta con abrir puertas, confiar en que “no se ve humo” o pensar que el olor a gasoil forma parte del trabajo. La empresa debe evaluar la exposición, aplicar medidas de eliminación o reducción, actuar sobre el foco, mejorar la ventilación, organizar el trabajo, formar a las personas trabajadoras y vigilar la salud cuando corresponda.

En prevención, no todos los riesgos se ven. Algunos se respiran cada día.

Y precisamente por eso deben medirse, controlarse y reducirse antes de que el daño aparezca.