Los accidentes laborales de tráfico se han consolidado como una de las principales causas de mortalidad laboral en España. Sin embargo, en muchas empresas siguen tratándose como algo externo a la prevención de riesgos laborales, como si lo que ocurre en la carretera perteneciera únicamente al ámbito personal del trabajador o a la seguridad vial general.
Ese enfoque es insuficiente.
Cuando una persona conduce por motivos de trabajo, realiza desplazamientos entre centros, visita clientes, reparte mercancías, presta servicios en ruta, acude a avisos, transporta material o vuelve a casa tras una jornada exigente, la movilidad también forma parte de las condiciones de trabajo.
Según datos analizados por CSIF a partir de estadísticas del Ministerio de Trabajo y Economía Social, los accidentes de tráfico vinculados al trabajo se consolidaron en 2025 como la principal causa de muerte laboral en España. En los once primeros meses del año se registraron 68.794 accidentes laborales de tráfico, de los cuales 50.626 fueron in itinere, y fallecieron 188 personas, 65 durante la jornada laboral y 123 en los desplazamientos de ida o vuelta al trabajo.
Además, el INSST recoge en su informe de accidentes laborales de tráfico de 2024 que en España se produjeron 76.327 accidentes laborales de tráfico, lo que representó el 11,8% del total de accidentes de trabajo con baja. Ese mismo año fallecieron 239 personas en accidentes laborales de tráfico, el 28,8% del total de accidentes mortales de trabajo.
La conclusión es clara: la carretera también es un lugar donde se materializan riesgos laborales.
No es solo un problema de tráfico: es un problema preventivo
Uno de los errores habituales es pensar que un accidente de tráfico laboral pertenece únicamente al ámbito de la DGT, de la conducción individual o de la suerte.
Evidentemente, la seguridad vial general importa. El comportamiento del conductor, el estado de la vía, la meteorología y la actuación de otros vehículos influyen. Pero, desde la perspectiva laboral, también influyen factores organizativos propios de la empresa:
- horarios;
- turnos;
- fatiga;
- presión de tiempos;
- rutas mal planificadas;
- uso del móvil;
- carga de trabajo;
- desplazamientos excesivos;
- mantenimiento de vehículos;
- elección del medio de transporte;
- formación;
- cultura de urgencia;
- incentivos por rapidez;
- falta de pausas;
- conducción tras jornadas largas;
- vehículos compartidos sin control suficiente.
Por eso, los accidentes laborales de tráfico no pueden gestionarse solo desde la responsabilidad individual del trabajador.
Si la empresa organiza el trabajo de una forma que obliga a conducir con prisa, sin descanso, con rutas imposibles o con vehículos mal mantenidos, el riesgo vial deja de ser algo externo y se convierte en un riesgo laboral mal gestionado.
En misión e in itinere: dos realidades distintas
Dentro de la seguridad vial laboral conviene diferenciar dos conceptos.
El accidente en misión es el que ocurre durante la jornada laboral, mientras la persona se desplaza por motivos de trabajo. Por ejemplo, un técnico que acude a reparar una instalación, una comercial que visita clientes, un trabajador de ayuda a domicilio que se desplaza entre viviendas, un repartidor que realiza entregas o un conductor profesional que transporta mercancías.
El accidente in itinere es el que ocurre en el trayecto de ida o vuelta entre el domicilio y el centro de trabajo, siempre que se cumplan los requisitos legales aplicables.
Ambos son accidentes de trabajo, pero desde el punto de vista preventivo no se gestionan exactamente igual.
En los accidentes en misión, la conexión con la organización empresarial suele ser más directa: rutas, tiempos, vehículos, cargas, instrucciones, planificación y condiciones de prestación del servicio.
En los accidentes in itinere, la empresa no controla todo el desplazamiento, pero sí puede influir en factores importantes: horarios de entrada y salida, turnos partidos, nocturnidad, fatiga, flexibilidad horaria, teletrabajo, ubicación del centro, aparcamientos, transporte colectivo, campañas de sensibilización o planes de movilidad segura.
Por eso, una empresa seria no debería decir: “lo in itinere no va conmigo”. Puede que no controle toda la carretera, pero sí puede adoptar medidas para reducir riesgos previsibles.
La movilidad también debe entrar en la evaluación preventiva
La Ley de Prevención de Riesgos Laborales establece el derecho de las personas trabajadoras a una protección eficaz en materia de seguridad y salud y exige una actuación preventiva que vaya más allá del mero cumplimiento formal. La propia exposición de motivos de la Ley 31/1995 recuerda que la protección frente a los riesgos laborales desborda la simple corrección a posteriori de situaciones de riesgo ya manifestadas.
Aplicado a la seguridad vial laboral, esto significa que no basta con actuar después del accidente.
La empresa debe identificar si la actividad genera desplazamientos laborales relevantes y evaluar el riesgo asociado. No es lo mismo una oficina donde la plantilla no conduce por motivos de trabajo que una empresa de reparto, asistencia técnica, mantenimiento, ayuda a domicilio, transporte, construcción, logística, comercial o servicios con movilidad diaria.
Una evaluación preventiva útil debería preguntar:
- ¿Quién conduce por motivos de trabajo?
- ¿Con qué frecuencia?
- ¿Qué tipo de vehículo utiliza?
- ¿Es vehículo propio, de empresa, alquilado o compartido?
- ¿Qué rutas realiza?
- ¿Hay presión de tiempos?
- ¿Hay conducción nocturna?
- ¿Se transportan cargas o herramientas?
- ¿Se usa el móvil durante la jornada?
- ¿Se trabaja con fatiga?
- ¿Hay turnos largos o partidos?
- ¿Se revisan los vehículos?
- ¿Se investigan incidentes viales?
- ¿Existen instrucciones claras de conducción segura?
- ¿Se forman los trabajadores?
- ¿Hay alternativas al desplazamiento?
Si esas preguntas no se han hecho, la seguridad vial laboral está fuera de la prevención real.
Los cuatro factores: persona, vehículo, vía y organización
El INSST aborda la seguridad vial laboral teniendo en cuenta diferentes factores. Entre ellos, el factor vehículo, que incluye elementos de seguridad activa como alumbrado, neumáticos, frenos o suspensión, y de seguridad pasiva como cinturón, airbag, casco, chasis o reposacabezas, además del mantenimiento adecuado del vehículo. También contempla el factor vía y entorno, referido a las características de la vía, la señalización, el mantenimiento y las circunstancias climatológicas.
A esos factores debe añadirse uno especialmente importante en el ámbito laboral: la organización del trabajo.
Una empresa puede formar al trabajador y tener vehículos en buen estado, pero si después asigna rutas imposibles, horarios ajustados, turnos agotadores o exigencias de disponibilidad permanente, el riesgo se mantiene.
Por eso, una buena gestión de la seguridad vial laboral debe integrar:
- factor humano;
- factor vehículo;
- factor vía y entorno;
- condiciones y organización del trabajo.
La DGT también plantea que las entidades pueden seguir un enfoque de sistema seguro de la movilidad actuando sobre cuatro puntos: factor humano, factor vehículo, factor vía y entorno, y condiciones laborales.
Este enfoque es clave porque evita cargar toda la responsabilidad sobre el conductor.
Fatiga, prisas y móvil: tres enemigos de la seguridad vial laboral
En muchas empresas, los riesgos viales no aparecen porque alguien quiera conducir mal. Aparecen porque la organización empuja, directa o indirectamente, a asumir conductas inseguras.
La fatiga reduce la atención, ralentiza los reflejos y aumenta la probabilidad de error. Puede aparecer tras jornadas largas, trabajo nocturno, turnos partidos, exceso de avisos, falta de pausas o acumulación de kilómetros.
La prisa es otro factor crítico. Cuando el trabajador siente que debe llegar a más servicios de los razonables, entregar antes, cumplir una ruta ajustada o responder de inmediato, puede acabar acelerando, reduciendo descansos o tomando decisiones inseguras.
Y el móvil es un riesgo especialmente peligroso. Llamadas, mensajes, GPS, aplicaciones de reparto, instrucciones en tiempo real o presión por contestar pueden generar distracciones graves.
Aquí la empresa debe ser clara: ningún mensaje, aviso o llamada debería ser más importante que llegar con vida.
Vehículos de empresa: mantenimiento y control
Si la empresa proporciona vehículos, tiene una responsabilidad clara sobre su estado.
No basta con entregar las llaves.
Debe existir un sistema de revisión, mantenimiento y comunicación de incidencias. Neumáticos, frenos, luces, limpiaparabrisas, cinturones, espejos, ITV, carga, señalización, documentación y elementos de emergencia deben estar controlados.
También debe evitarse el uso de vehículos inadecuados para la tarea. No es lo mismo transportar documentación que herramientas, productos, equipos pesados o mercancía. Si el vehículo no está adaptado a la actividad, puede aumentar el riesgo.
Algunas preguntas básicas:
- ¿Quién revisa los vehículos?
- ¿Cada cuánto?
- ¿Cómo se comunican averías?
- ¿Se paraliza un vehículo inseguro?
- ¿Se controla la carga?
- ¿Se evita llevar material suelto?
- ¿Los conductores saben qué revisar antes de salir?
- ¿Se registran los incidentes?
- ¿Se analiza el consumo, multas, daños o siniestros como indicadores preventivos?
Un vehículo de empresa es, en la práctica, un equipo de trabajo móvil.
Vehículo propio: no todo vale
En muchas actividades se utiliza vehículo particular para trabajar: visitas, desplazamientos entre centros, servicios técnicos, asistencia domiciliaria, comerciales o gestiones.
Esto no elimina la responsabilidad preventiva.
La empresa debe valorar si ese uso forma parte real del trabajo y qué condiciones mínimas deben cumplirse. Por ejemplo:
- documentación en regla;
- ITV;
- seguro adecuado;
- mantenimiento;
- adecuación del vehículo a la tarea;
- compensación razonable;
- instrucciones de uso;
- prohibición de transportar cargas inseguras;
- planificación de rutas;
- límites de jornada y descanso.
Si una empresa se beneficia del uso del vehículo particular para prestar servicios, no puede ignorar completamente las condiciones en las que se realiza esa movilidad.
Plan de movilidad segura: mucho más que un documento
Una de las herramientas más útiles es el plan de movilidad segura o plan de seguridad vial laboral.
Pero debe ser práctico.
No sirve de mucho un documento genérico que dice “respetar las normas de tráfico” y “conducir con prudencia”. Eso ya se presupone.
Un buen plan debería partir de los desplazamientos reales de la empresa y establecer medidas concretas:
- análisis de accidentes e incidentes viales;
- identificación de colectivos expuestos;
- rutas frecuentes;
- horarios críticos;
- uso de vehículos;
- política de móvil;
- mantenimiento;
- formación;
- pausas;
- criterios de planificación;
- condiciones meteorológicas;
- desplazamientos nocturnos;
- teletrabajo o reuniones online cuando proceda;
- transporte colectivo;
- flexibilidad horaria;
- conducción de motocicletas o bicicletas;
- coordinación con contratas;
- indicadores de seguimiento.
El INSST dispone de documentación específica en materia de seguridad vial laboral y ha desarrollado materiales técnicos y divulgativos para facilitar la prevención de estos accidentes.
Además, la Comisión Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo cuenta con un grupo de trabajo de seguridad vial laboral entre cuyos objetivos figuran el seguimiento del plan de actuación para minimizar el impacto del accidente de tráfico sobre la siniestralidad laboral, la recopilación de buenas prácticas para prevenir accidentes in itinere y el análisis de factores de riesgo y colectivos con especial incidencia.
Formación, sí, pero no solo formación
La formación en seguridad vial laboral es necesaria. Pero si se queda sola, se queda corta.
Formar al trabajador para conducir seguro es importante. Pero si la empresa después le asigna rutas imposibles, le llama mientras conduce o premia al que llega antes, la formación pierde eficacia.
La formación debe acompañarse de medidas organizativas.
Debe tratar temas como:
- conducción segura;
- fatiga;
- distracciones;
- uso del móvil;
- velocidad;
- distancia de seguridad;
- conducción en condiciones meteorológicas adversas;
- mantenimiento básico;
- carga segura;
- actuación ante averías;
- accidentes in itinere;
- conducción de motocicletas, furgonetas o vehículos específicos;
- gestión de emergencias;
- derecho a no responder comunicaciones mientras se conduce.
Pero también debe quedar claro qué espera la empresa. Y el mensaje debe ser contundente:
Llegar tarde es un problema organizativo. No llegar es una tragedia.
Sectores especialmente expuestos
Aunque cualquier empresa puede tener accidentes laborales de tráfico, algunos sectores presentan mayor exposición.
La noticia de Cadena SER citaba como sectores afectados el transporte, servicios sociales, hostelería y actividades administrativas, entre otros.
A ellos pueden añadirse otros ámbitos donde la movilidad es estructural:
- reparto y mensajería;
- asistencia técnica;
- mantenimiento;
- comerciales;
- ayuda a domicilio;
- servicios sanitarios;
- emergencias;
- limpieza y servicios auxiliares;
- construcción;
- agricultura;
- logística;
- vigilancia;
- instalación y reparación;
- administración con visitas o inspecciones;
- plataformas digitales.
En estos sectores, la movilidad no es algo accesorio. Forma parte del trabajo.
Y si forma parte del trabajo, debe formar parte de la prevención.
Accidentes in itinere: medidas posibles
Aunque el trayecto casa-trabajo depende en parte de decisiones personales y circunstancias externas, la empresa puede adoptar medidas útiles.
Por ejemplo:
- flexibilidad horaria para evitar horas punta;
- teletrabajo cuando sea viable;
- transporte colectivo de empresa;
- fomento de transporte público;
- aparcamientos seguros;
- campañas de sensibilización;
- análisis de concentración de accidentes;
- adaptación de horarios en turnos nocturnos;
- evitar salidas tras jornadas excesivas;
- coordinación de turnos para reducir fatiga;
- información sobre rutas seguras;
- planes de movilidad al centro de trabajo.
No todo está bajo control empresarial, pero sí hay margen de actuación.
Coordinación con empresas externas
En muchos centros entran transportistas, repartidores, técnicos, subcontratas o empresas de mantenimiento.
La seguridad vial laboral también exige coordinación.
Dentro de un centro de trabajo pueden existir riesgos de circulación interna: atropellos, golpes con vehículos, maniobras de carga y descarga, peatones mezclados con camiones, carretillas, zonas de espera, muelles, accesos estrechos, marcha atrás o falta de señalización.
La coordinación debe incluir:
- normas de circulación interna;
- límites de velocidad;
- zonas peatonales;
- rutas segregadas;
- puntos de carga y descarga;
- obligación de calzar vehículos si procede;
- chalecos de alta visibilidad;
- comunicación con conductores;
- señalización;
- iluminación;
- gestión de esperas;
- instrucciones ante emergencias.
El accidente vial laboral no ocurre solo en carretera abierta. También puede ocurrir dentro del centro.
Indicadores que una empresa debería vigilar
La seguridad vial laboral debe gestionarse con datos.
Algunos indicadores útiles son:
- número de accidentes en misión;
- accidentes in itinere;
- incidentes sin baja;
- multas;
- daños en vehículos;
- averías repetidas;
- kilómetros recorridos;
- horas de conducción;
- rutas con mayor siniestralidad;
- horarios de mayor riesgo;
- uso de vehículos por trabajador;
- absentismo por accidentes viales;
- quejas por presión de tiempos;
- reclamaciones de conductores;
- comunicaciones por fatiga;
- tiempos reales frente a tiempos planificados.
Sin datos, la empresa solo reacciona. Con datos, puede anticipar.
Qué debería hacer una empresa desde mañana
Una empresa que quiera empezar a integrar la seguridad vial laboral puede comenzar por algo sencillo pero serio:
- Identificar qué personas conducen por motivos de trabajo.
- Diferenciar desplazamientos en misión e in itinere.
- Revisar accidentes e incidentes viales de los últimos años.
- Analizar rutas, horarios, vehículos y presión de tiempos.
- Revisar mantenimiento de vehículos.
- Establecer una política clara de uso del móvil.
- Planificar pausas y tiempos realistas.
- Formar de forma específica según el tipo de conducción.
- Implantar instrucciones de carga segura y actuación ante averías.
- Elaborar o actualizar un plan de movilidad segura.
- Integrar la seguridad vial en la evaluación de riesgos.
- Hacer seguimiento periódico.
No hace falta esperar a tener un accidente grave para empezar.
Conclusión
Los accidentes laborales de tráfico no son un problema ajeno a la prevención de riesgos laborales. Son una de las grandes causas de muerte vinculadas al trabajo y, en muchos casos, siguen quedando fuera de la gestión preventiva real de las empresas.
La carretera, cuando se conduce por trabajo, también es un entorno laboral. Y los desplazamientos, las rutas, los horarios, la fatiga, el móvil, el mantenimiento del vehículo y la presión de tiempos son factores preventivos.
La empresa no puede controlar todo lo que ocurre en la vía pública. Pero sí puede controlar cómo organiza el trabajo que obliga a conducir.
Por eso, la seguridad vial laboral debe dejar de ser una campaña puntual y convertirse en una parte integrada de la prevención.
Porque prevenir también es asegurarse de que las personas trabajadoras vuelvan a casa.