La campaña de incendios forestales vuelve a poner sobre la mesa una cuestión esencial desde el punto de vista preventivo: quienes trabajan en la prevención, vigilancia y extinción de incendios también necesitan una protección eficaz frente a los riesgos de su actividad.

En Castilla y León, UGT ha denunciado el deterioro del operativo de prevención y extinción de incendios forestales, afirmando que la comunidad llega a la campaña “igual que el año pasado” pese al incremento del riesgo y a los incendios recientes. El sindicato critica, entre otras cuestiones, la falta de medios humanos y materiales, la falta de formación y equipamiento para trabajadores anuales, la precariedad en empresas contratadas, problemas de acceso a puestos de vigilancia y una planificación basada en calendarios fijos en lugar de condiciones reales de riesgo.

CCOO también ha anunciado movilizaciones en Castilla y León contra un operativo que considera “insuficiente” y “caótico”, señalando que estaría solo al 30% de su capacidad y sin un calendario de guardias definido. La organización advierte del riesgo que supone afrontar un verano con altas temperaturas y acumulación de combustible forestal sin un dispositivo plenamente preparado.

El debate no debe reducirse a una cuestión política o presupuestaria. Desde la prevención de riesgos laborales, la idea de fondo es clara: trabajar contra el fuego no puede hacerse sin planificación, formación, medios suficientes y condiciones mínimas de seguridad.

¿Están los bomberos forestales dentro de la prevención de riesgos laborales?

Sí, aunque con matices.

La Ley de Prevención de Riesgos Laborales se aplica con carácter general a las relaciones laborales y también al personal al servicio de las Administraciones Públicas. Ahora bien, su artículo 3 contempla particularidades para determinadas actividades cuyas características puedan impedir la aplicación ordinaria de la norma, como sucede en servicios operativos de protección civil en situaciones de grave riesgo, catástrofe o calamidad pública.

Eso no significa que los bomberos forestales queden fuera de la prevención. Significa que una intervención real ante un incendio descontrolado tiene condiciones excepcionales que no pueden compararse con una oficina, una fábrica o una obra ordinaria.

Pero precisamente por eso, la prevención debe empezar antes del incendio.

La Ley 5/2024, básica de bomberos forestales, es especialmente clara: establece que serán de aplicación a los bomberos forestales las disposiciones de la Ley 31/1995, del Reglamento de los Servicios de Prevención y de la normativa preventiva derivada. Además, obliga a las administraciones y entidades responsables a cumplir el derecho de protección eficaz de este personal.

La misma Ley prevé la aprobación de un reglamento específico de prevención de riesgos laborales para el personal que preste servicios en operativos de extinción de incendios forestales, teniendo en cuenta sus actividades profesionales, exposición a riesgos, accidentes laborales y enfermedades profesionales.

Por tanto, el mensaje jurídico debe ser fino: la emergencia tiene particularidades, pero no elimina la obligación de proteger.

La prevención empieza antes de la campaña

En incendios forestales, improvisar es llegar tarde.

La seguridad del operativo no depende únicamente de lo que ocurre en la línea de fuego. Depende de decisiones adoptadas semanas o meses antes:

  • dimensionamiento de plantillas;
  • formación y entrenamiento;
  • mantenimiento de vehículos;
  • estado de herramientas;
  • disponibilidad de EPI;
  • organización de turnos;
  • vigilancia de la salud;
  • coordinación entre administraciones;
  • comunicaciones;
  • acceso a puntos de vigilancia;
  • bases, descansos y logística;
  • criterios de activación por riesgo real;
  • procedimientos ante emergencias dentro de la emergencia.

Si un operativo llega al verano con falta de personal, equipos insuficientes o formación incompleta, el riesgo no empieza cuando aparece la llama. El riesgo ya estaba creado antes.

Riesgos laborales en la extinción de incendios forestales

Los bomberos forestales y otros trabajadores de operativos antiincendios están expuestos a riesgos muy variados y, en muchos casos, simultáneos.

Entre los principales riesgos se encuentran:

  • exposición a calor extremo y estrés térmico;
  • inhalación de humo, partículas y gases;
  • quemaduras;
  • golpes de calor;
  • fatiga física intensa;
  • caídas al mismo y distinto nivel en terrenos irregulares;
  • golpes y cortes con herramientas;
  • atrapamientos;
  • accidentes con vehículos;
  • vuelcos;
  • caída de árboles o ramas;
  • trabajo nocturno;
  • falta de visibilidad;
  • desorientación;
  • cambios bruscos del viento;
  • exposición a ruido;
  • carga mental;
  • estrés agudo;
  • riesgo psicosocial tras intervenciones críticas.

No estamos ante un único riesgo. Estamos ante una actividad donde el entorno cambia constantemente y donde un error de coordinación puede tener consecuencias graves.

Humo: un riesgo que no debe subestimarse

Uno de los riesgos más importantes es la exposición al humo.

El INSST ha publicado criterios sobre equipos de protección respiratoria en extinción de incendios forestales. El documento señala que las condiciones de trabajo son especialmente duras por las elevadas temperaturas, el alto ritmo de trabajo y el esfuerzo físico, lo que se agrava con el uso de equipos de protección respiratoria. Para partículas, recomienda equipos filtrantes, especialmente mascarillas autofiltrantes FFP3 o FFP2 conforme a la norma EN 149.

Pero el propio INSST advierte de algo importante: pueden existir exposiciones a sustancias gaseosas como monóxido de carbono, vapores orgánicos o formaldehído. En el caso del monóxido de carbono, destaca que no tiene propiedades de aviso claras y que, si el equipo no protege adecuadamente, el usuario puede no detectar su presencia; por ello, cuando sea previsible la exposición, resulta aconsejable el uso de detectores que alerten para abandonar la zona de peligro.

Esto es muy relevante. No basta con hablar de “mascarillas” de forma genérica. La protección respiratoria en incendios forestales es técnicamente compleja porque debe compatibilizarse con calor, esfuerzo físico, visibilidad, comunicación, otros EPI y duración de la intervención.

Estrés térmico y fatiga: el cuerpo también tiene límites

Trabajar en un incendio forestal implica esfuerzo físico intenso en condiciones extremas.

El calor ambiental, la radiación térmica del fuego, el EPI, el terreno irregular, el peso del equipo, la tensión de la intervención y la duración de la jornada pueden generar una carga enorme sobre el organismo.

El riesgo no es solo el golpe de calor. También aparecen fatiga, pérdida de concentración, errores, deshidratación, calambres, mareos, bajada del rendimiento físico y mayor probabilidad de accidente.

Por eso, la organización del trabajo es prevención:

  • rotaciones;
  • descansos;
  • hidratación;
  • control de tiempos de exposición;
  • vigilancia de signos de fatiga;
  • relevos suficientes;
  • aclimatación;
  • criterios de retirada;
  • mando atento a condiciones reales;
  • logística de agua y alimentación;
  • control de trabajos prolongados.

Un operativo sin personal suficiente no solo es menos eficaz. También puede ser más peligroso para quienes intervienen.

Medios suficientes: una condición preventiva, no solo operativa

Cuando se habla de falta de medios en incendios forestales, a veces se interpreta únicamente como una cuestión de eficacia en la extinción.

Pero desde la prevención es también una cuestión de seguridad laboral.

La falta de personal puede traducirse en:

  • turnos más largos;
  • menos descansos;
  • más fatiga;
  • menor capacidad de relevo;
  • más exposición al humo y al calor;
  • mayor presión sobre los equipos;
  • más improvisación;
  • peor vigilancia de seguridad;
  • menos capacidad de retirada ante cambios del incendio.

La falta de material puede implicar:

  • EPI insuficientes o deteriorados;
  • herramientas inadecuadas;
  • vehículos sin mantenimiento óptimo;
  • comunicaciones deficientes;
  • falta de detectores o equipos específicos;
  • bases sin condiciones adecuadas;
  • puestos de vigilancia inseguros o mal accesibles.

Por eso, dotar adecuadamente a un operativo no es un lujo. Es una medida preventiva básica.

Coordinación: clave para no añadir riesgo al riesgo

El incendio forestal es un escenario donde pueden intervenir muchos recursos: medios autonómicos, estatales, municipales, empresas públicas, contratas privadas, medios aéreos, agentes medioambientales, protección civil, fuerzas de seguridad y personal de apoyo.

Esa complejidad exige coordinación.

El Real Decreto 38/2026, sobre medidas de coordinación instrumental para la prevención, vigilancia y extinción de incendios forestales, desarrolla un marco común que incluye la calificación homogénea de unidades, protocolo común en medios aéreos, indicativos de radio unívocos, simbología común para mapas operativos y condiciones mínimas de seguridad de dotaciones y EPI.

La norma indica que las condiciones mínimas de seguridad de las dotaciones y EPI tienen como finalidad promover la seguridad y salud del personal, sirviendo como referencia en los procedimientos de adquisición de equipos para trabajos de extinción.

Esta idea es esencial: la coordinación no es solo organización administrativa. También es seguridad.

Un operativo mal coordinado puede generar duplicidades, comunicaciones confusas, órdenes contradictorias, retrasos, entrada de equipos en zonas peligrosas, problemas con medios aéreos o dificultades de evacuación.

Formación específica: no basta con buena voluntad

La extinción de incendios forestales exige formación específica, entrenamiento y actualización continua.

No basta con tener personas disponibles. Deben saber actuar en un entorno de riesgo cambiante.

La formación debería incluir, entre otros aspectos:

  • comportamiento del fuego;
  • seguridad en línea de defensa;
  • uso de herramientas manuales y mecánicas;
  • conducción en terreno forestal;
  • comunicaciones;
  • orientación y mapas;
  • coordinación con medios aéreos;
  • autoprotección;
  • identificación de zonas seguras;
  • uso y limitaciones de EPI;
  • estrés térmico;
  • exposición a humo;
  • actuación ante atrapamientos;
  • primeros auxilios;
  • retirada segura;
  • trabajo nocturno;
  • factores psicosociales tras intervenciones graves.

La falta de formación no es una carencia menor. En incendios forestales, puede marcar la diferencia entre controlar una situación o quedar expuesto a un riesgo crítico.

Empresas contratadas y precariedad preventiva

Las noticias recientes también mencionan problemas en empresas contratadas, precariedad laboral y equipos deficientes.

Aquí la prevención debe ser clara: la subcontratación no puede servir para diluir responsabilidades.

Si una Administración organiza un dispositivo con empresas públicas, privadas o contratas, debe asegurarse de que todas las personas que intervienen cuentan con medios, formación, coordinación, vigilancia de la salud y condiciones de seguridad suficientes.

La coordinación de actividades empresariales no puede quedarse en intercambio de documentos. En un incendio forestal, la coordinación debe traducirse en integración operativa real: quién manda, quién comunica, por dónde se entra, cuándo se retira, qué EPI se exige, qué funciones tiene cada equipo y cómo se protege a cada trabajador.

No se puede planificar solo por calendario

Una de las críticas sindicales es que la planificación se estaría fijando por calendario en lugar de por condiciones reales de riesgo.

Desde la prevención, esa crítica tiene sentido.

El riesgo de incendio no depende únicamente del mes. Depende de:

  • temperatura;
  • humedad;
  • viento;
  • sequía;
  • combustible vegetal acumulado;
  • tormentas secas;
  • actividad humana;
  • episodios de calor extremo;
  • accesibilidad del terreno;
  • disponibilidad de recursos;
  • previsión meteorológica.

El cambio climático está alterando los calendarios tradicionales de riesgo. Por tanto, la activación de medios no debería depender solo de una fecha fija, sino de indicadores reales.

En prevención, si el riesgo cambia, la planificación debe cambiar.

Vigilancia de la salud y enfermedades profesionales

El trabajo en incendios forestales no solo produce riesgos agudos. También puede generar efectos acumulativos.

La exposición repetida a humo, esfuerzo intenso, calor, ruido, estrés, turnos prolongados y condiciones extremas debe conectarse con una vigilancia de la salud específica y útil.

La Ley 5/2024 prevé expresamente que el futuro reglamento de prevención tenga en cuenta la exposición a riesgos, accidentes laborales y enfermedades profesionales de los bomberos forestales.

Esto es clave. No basta con mirar el accidente inmediato. Hay que analizar también daños respiratorios, cardiovasculares, musculoesqueléticos, térmicos, psicosociales y otros efectos derivados de la exposición repetida durante campañas.

Qué debería revisarse antes de la campaña

Un operativo antiincendios debería llegar al periodo de mayor riesgo con una revisión preventiva completa.

Algunos puntos básicos serían:

  • plantilla suficiente y cobertura de vacantes;
  • formación actualizada;
  • entrenamiento práctico;
  • EPI adecuados, revisados y compatibles;
  • vehículos revisados;
  • herramientas en buen estado;
  • comunicaciones operativas;
  • detectores cuando proceda;
  • protocolos de hidratación y descansos;
  • planificación de turnos;
  • bases y zonas de descanso adecuadas;
  • vigilancia de la salud específica;
  • procedimientos de retirada;
  • coordinación con otros dispositivos;
  • integración de contratas;
  • mapas, indicativos y comunicaciones comunes;
  • investigación de incidentes de campañas anteriores;
  • adaptación a riesgo real y no solo a calendario.

Si estos elementos fallan, la prevención ya llega tarde.

Conclusión

La prevención en incendios forestales no consiste en pretender eliminar todo riesgo durante una emergencia. Eso sería irreal. La extinción de incendios es una actividad peligrosa por naturaleza.

Pero precisamente por eso exige una preparación preventiva mucho más rigurosa.

Los bomberos forestales y el personal de los operativos antiincendios tienen derecho a trabajar con medios suficientes, formación adecuada, equipos compatibles con el riesgo, coordinación real, vigilancia de la salud y planificación adaptada a las condiciones actuales.

La emergencia tiene particularidades. Pero la falta de medios, la falta de formación, la precariedad o la improvisación no son particularidades inevitables: son fallos organizativos que aumentan el riesgo.

Proteger a quienes nos protegen no puede depender de la suerte ni de que el verano sea más benigno de lo previsto.

Debe depender de una prevención planificada antes de que arda el monte.