Una empresa ha sido condenada a indemnizar con 166.703 euros a una trabajadora que sufrió un accidente laboral tras resbalar en un muelle de carga y descarga mientras inspeccionaba mercancía. El Tribunal Superior de Justicia de Cataluña confirmó la responsabilidad empresarial al considerar que la compañía no había facilitado a la empleada el calzado de seguridad antideslizante necesario para realizar esa tarea. La información ha sido publicada por AS y también por medios jurídicos como Economist & Jurist.

El accidente provocó una fractura en la muñeca izquierda que requirió dos intervenciones quirúrgicas y dejó secuelas relevantes, entre ellas pérdida de fuerza y destreza en la mano. La empresa intentó desvincular la incapacidad permanente absoluta reconocida posteriormente de la caída, pero el tribunal rechazó ese argumento y consideró que las lesiones derivadas del accidente habían producido un daño indemnizable.

Además de la indemnización, la empresa debe asumir un recargo del 30% en las prestaciones derivadas del accidente por falta de medidas de seguridad. Este dato es especialmente importante: no estamos solo ante una compensación económica por daños, sino ante una consecuencia directa del incumplimiento preventivo.

Un resbalón no siempre es “mala suerte”

Muchas empresas siguen interpretando ciertos accidentes como hechos inevitables: una caída, un resbalón, un tropiezo, una mala pisada. Pero en prevención de riesgos laborales la pregunta no debe quedarse en “cómo se cayó”, sino en por qué esa caída fue posible y qué medidas podían haber reducido el riesgo.

En este caso, la trabajadora estaba realizando una inspección de mercancía en un muelle de carga y descarga. Ese detalle es importante. Un muelle de carga no es una zona neutra: puede haber pavimentos con distinto grado de adherencia, humedad, restos de mercancía, polvo, aceites, desniveles, rampas, tránsito de camiones, palets, embalajes, prisas operativas y movimiento constante.

En un entorno así, el calzado no es un complemento. Puede ser una medida preventiva esencial.

No todos los resbalones son inevitables. Algunos ocurren porque el suelo no está en condiciones, porque no hay orden y limpieza, porque falta señalización, porque no se ha evaluado bien la tarea o porque no se ha proporcionado el EPI adecuado.

El EPI debe responder al riesgo real, no al puesto “en abstracto”

Una de las lecciones más importantes de esta sentencia es que no basta con mirar el puesto de trabajo de forma genérica. Hay que mirar la tarea real.

Según se ha publicado, la trabajadora no realizaba habitualmente tareas de carga y descarga, sino una comprobación puntual de mercancía cuando surgía alguna incidencia. Sin embargo, el tribunal entendió que el riesgo existía igualmente porque la tarea se desarrollaba en una zona exterior donde estacionaban camiones y podía haber riesgo de resbalones y caídas.

Este punto es clave para cualquier empresa.

A veces se comete el error de decir: “esa persona es administrativa”, “solo entra un momento al almacén”, “solo revisa una incidencia”, “no hace carga y descarga”, “no está siempre en el muelle”.

Pero si una persona accede a una zona con riesgo, aunque sea de forma puntual, la empresa debe valorar ese riesgo y adoptar medidas.

La prevención no se diseña solo por el nombre del puesto. Se diseña por las tareas que realmente se hacen y por los lugares donde se realizan.

Calzado antideslizante: no todas las suelas valen

Cuando hablamos de calzado de seguridad, muchas veces se piensa solo en puntera reforzada. Pero el calzado puede proteger frente a distintos riesgos: golpes, caída de objetos, perforación de la suela, electricidad, productos químicos, humedad, frío, calor o resbalones.

En este caso, el elemento decisivo fue el carácter antideslizante.

Eso obliga a una selección adecuada. No basta con entregar “unas botas de seguridad” cualquiera. El calzado debe ser compatible con el suelo, la tarea, las condiciones del entorno y el tipo de riesgo.

Un trabajador que se mueve por suelos húmedos, muelles de carga, cocinas, cámaras, zonas exteriores, rampas o superficies con posible contaminación necesita un calzado con resistencia al deslizamiento adecuada. En cambio, otro puesto puede requerir protección frente a perforación, aislamiento eléctrico o resistencia química.

El EPI no se elige por catálogo. Se elige desde la evaluación de riesgos.

La empresa debe entregar, informar y comprobar

Otra idea importante: la obligación empresarial no termina comprando el EPI.

La empresa debe seleccionar el equipo adecuado, entregarlo, informar sobre su uso, formar cuando sea necesario, sustituirlo cuando esté deteriorado y comprobar que se utiliza correctamente.

Además, debe dejar constancia documental. No por burocracia vacía, sino porque en caso de accidente será necesario demostrar que el equipo se entregó, que era adecuado al riesgo y que existían instrucciones claras.

En prevención, lo que no se puede acreditar suele convertirse en un problema.

Pero incluso la documentación no basta si el EPI no es adecuado. Firmar una entrega de “calzado de seguridad” no protege si ese calzado no responde al riesgo real de resbalón.

El recargo de prestaciones: una consecuencia que muchas empresas infravaloran

El caso también recuerda la importancia del recargo de prestaciones.

Cuando un accidente se produce por falta de medidas de seguridad, la empresa puede verse obligada a asumir un incremento de entre el 30% y el 50% sobre las prestaciones económicas derivadas del accidente. En este caso se impuso un recargo del 30%.

Esto no es una sanción cualquiera. El recargo recae directamente sobre la empresa y puede tener un impacto económico muy importante, especialmente si el accidente deriva en una incapacidad permanente o en prestaciones de larga duración.

Por eso, la prevención no debe verse solo como un coste. No prevenir puede salir muchísimo más caro.

Y, sobre todo, puede cambiar la vida de una persona trabajadora.

El muelle de carga: una zona que merece atención preventiva

Los muelles de carga y descarga suelen concentrar muchos riesgos. No solo caídas al mismo nivel por resbalones o tropiezos. También atropellos, golpes con carretillas, atrapamientos, caídas a distinto nivel, golpes por mercancía, sobreesfuerzos, mala iluminación, desniveles, rampas, interferencias entre peatones y vehículos, y coordinación con transportistas externos.

Por eso, estas zonas deben estar bien evaluadas y controladas.

Un buen enfoque preventivo en un muelle no se limita al calzado. También debe revisar el estado del pavimento, la limpieza, el drenaje, la iluminación, la señalización, la separación entre peatones y vehículos, los procedimientos de carga y descarga, la presencia de mercancía en el suelo, la formación, la coordinación con transportistas y el mantenimiento de las instalaciones.

El calzado antideslizante puede ser una barrera importante, pero no debe ser la única.

La prevención también protege en tareas puntuales

Quizá esta sea una de las enseñanzas más útiles para empresas pequeñas y medianas: las tareas puntuales también deben evaluarse.

Muchos accidentes ocurren precisamente en tareas que no forman parte de la rutina principal: revisar una incidencia, entrar al almacén, ayudar en una descarga, subir a por material, limpiar un derrame, comprobar mercancía, mover algo “un momento”.

La empresa debe identificar esas tareas ocasionales y prever qué protección requieren.

Porque un accidente no necesita que la tarea sea habitual. Basta con que el riesgo exista en ese momento.

Conclusión

La condena de más de 166.000 euros por no facilitar calzado antideslizante recuerda una idea básica: los EPI no son un trámite documental ni una compra genérica. Son medidas preventivas que deben responder al riesgo real del trabajo.

Un resbalón en un muelle de carga puede parecer un accidente sencillo, pero sus consecuencias pueden ser graves para la persona trabajadora y muy importantes para la empresa.

La prevención exige evaluar bien las tareas, seleccionar el calzado adecuado, entregar los equipos necesarios, formar e informar, mantener las zonas de trabajo en condiciones seguras y no infravalorar las tareas puntuales.

Porque en seguridad laboral, un detalle aparentemente pequeño puede marcar la diferencia entre una jornada normal y una vida cambiada para siempre.