El primer mes en un nuevo puesto de trabajo es uno de los momentos más delicados desde el punto de vista preventivo. La persona trabajadora todavía no conoce bien las tareas, los equipos, los ritmos, los procedimientos, las zonas peligrosas, las normas internas ni los riesgos reales del centro. Puede tener formación general, pero le falta algo esencial: experiencia concreta en ese puesto.

Un estudio elaborado por investigadoras de la Universidad Pública de Navarra —UPNA—, en el marco de la Cátedra de Prevención de Riesgos Laborales, ha puesto cifras a esta realidad. Según el análisis de los accidentes laborales registrados en Navarra entre 2014 y 2025, el 9,1% de todos los accidentes se produjo durante el primer mes de trabajo de la persona accidentada. Además, la incidencia se mantiene elevada durante el primer año en el puesto.

El dato es muy relevante porque confirma algo que la prevención debería tener interiorizado: empezar en un trabajo también es una situación de riesgo.

El primer día también cuenta

Uno de los datos más llamativos del estudio es que, dentro de los accidentes ocurridos durante el primer mes, el 11,4% se producen el primer día. En promedio, unas 90 personas se accidentan cada año en Navarra en su primer día de trabajo.

Esto debería hacer reflexionar a muchas empresas.

El primer día no puede ser una jornada de improvisación. No debería consistir en firmar documentos, recibir una explicación rápida y “ponerse ya con ello”. En prevención, el primer día debería ser una fase controlada de incorporación, acompañamiento y aprendizaje.

Si una persona se accidenta el primer día, es legítimo preguntarse si conocía realmente la tarea, si sabía cómo usar los equipos, si entendía los riesgos, si recibió instrucciones prácticas, si tuvo supervisión y si alguien comprobó que podía trabajar con seguridad.

La formación inicial no puede ser una carrera para cubrir expediente.

La siniestralidad temprana no es casualidad

El informe señala que la incorporación reciente al puesto implica un conocimiento limitado de los procedimientos de trabajo, los equipos utilizados y los riesgos específicos de la actividad. Esta situación es especialmente visible en sectores con elevada rotación, temporalidad o frecuentes cambios de tareas y entornos de trabajo.

Esto tiene mucho sentido preventivo.

Una persona nueva puede no saber qué zonas evitar, cómo se mueve una carretilla en el almacén, qué máquina tiene un punto de atrapamiento, dónde se producen resbalones, qué tareas requieren autorización, qué hacer ante una incidencia, cómo se comunica un riesgo o qué atajos están prohibidos aunque otros los hagan.

También puede tener miedo a preguntar. Muchas personas recién incorporadas quieren demostrar que valen, que son rápidas, que no molestan, que entienden todo. Ese deseo de encajar puede llevarlas a asumir riesgos que una persona con más experiencia evitaría.

La falta de experiencia no es culpa del trabajador. Es una condición que la empresa debe gestionar.

Jóvenes, migrantes y personal con poca experiencia

El estudio identifica a jóvenes, personas migrantes y trabajadores con escasa experiencia como colectivos que concentran una parte importante del riesgo. También señala que los trabajadores migrantes presentan más siniestralidad que los de nacionalidad española, con especial presencia en sectores como agricultura, construcción y algunas actividades de servicios.

Aquí hay que ser claros: esto no significa que estos colectivos sean “menos seguros”. Significa que pueden estar más expuestos a condiciones que aumentan el riesgo.

Una persona joven puede tener menos experiencia laboral y menor percepción del peligro. Una persona migrante puede encontrarse con barreras idiomáticas, desconocimiento de normas internas o mayor precariedad. Una persona temporal puede incorporarse rápido, con poca explicación y alta presión por rendir desde el primer día.

La prevención no puede tratar a todos igual si no todos parten del mismo punto.

Una formación escrita en castellano técnico puede ser insuficiente para una persona que no domina el idioma. Una charla de diez minutos puede ser insuficiente para alguien que nunca ha usado una máquina. Un vídeo genérico puede no servir para quien va a trabajar en una tarea concreta con riesgos específicos.

La prevención debe ser comprensible, práctica y adaptada.

Acogida preventiva: mucho más que entregar documentación

El estudio apunta a la necesidad de reforzar los procesos de acogida, acompañamiento y aprendizaje práctico en las empresas. La consejera Carmen Maeztu destacó que la prevención no puede limitarse a la entrega de documentación o a una formación inicial meramente formal, sino que debe garantizar que las personas trabajadoras conozcan realmente las tareas, los procedimientos y los riesgos asociados.

Esta idea es central.

Una acogida preventiva real debería permitir que la persona trabajadora entienda dónde está, qué va a hacer, qué riesgos tiene, qué no debe hacer, a quién debe preguntar y qué medidas debe aplicar.

No basta con firmar un recibí.

El “recibí” demuestra que se entregó un papel. No demuestra necesariamente que la persona comprendiera el riesgo, supiera aplicar el procedimiento o estuviera preparada para trabajar sola.

La acogida preventiva debe bajar al terreno. Debe hacerse en el puesto, con ejemplos reales, enseñando equipos, recorridos, zonas de riesgo, normas de circulación, procedimientos de emergencia y tareas concretas.

El acompañamiento durante las primeras semanas

Una buena incorporación no termina el primer día.

El riesgo sigue siendo alto durante las primeras semanas y meses porque la persona todavía está aprendiendo. Por eso, en determinados puestos debería existir un acompañamiento inicial: una persona de referencia, supervisión reforzada, tareas progresivas y revisión periódica de dudas.

Esto es especialmente importante en puestos con maquinaria, carretillas, cargas, trabajo en altura, productos químicos, herramientas cortantes, ritmos de línea, atención a personas, conducción, agricultura o construcción.

La empresa debería asumir que una persona nueva no tiene todavía automatismos seguros. Necesita tiempo para aprender bien, no solo rapidez para producir.

Exigir rendimiento completo desde el primer día puede ser una receta para el accidente.

Formación práctica, no solo teórica

La formación preventiva inicial es obligatoria y necesaria, pero debe tener contenido útil.

Una formación demasiado genérica puede cumplir formalmente y fallar preventivamente. Por ejemplo, decir “riesgo de atrapamiento” no sirve de mucho si no se enseña exactamente dónde está el punto de atrapamiento en la máquina que va a usar. Decir “mantener orden y limpieza” es correcto, pero más útil es enseñar qué zonas deben mantenerse despejadas, dónde se dejan los palets, cómo se limpia un derrame y qué no debe bloquearse.

La persona nueva necesita información concreta: “aquí no metas la mano”, “por esta zona pasan carretillas”, “esta puerta debe estar libre”, “este producto no se mezcla”, “esta máquina se bloquea antes de limpiar”, “si ocurre esto, paras y avisas”.

La prevención eficaz se entiende mejor cuando se ve.

Empresas pequeñas y alta rotación

La siniestralidad temprana suele ser especialmente problemática en empresas pequeñas o sectores con alta rotación. No necesariamente por mala fe, sino porque muchas veces falta estructura, tiempo, personal para acompañar o procedimientos claros de acogida.

Pero precisamente por eso hay que ordenar el proceso.

Una empresa pequeña no necesita burocracia enorme. Necesita una acogida sencilla, práctica y constante: explicar tareas, enseñar riesgos, comprobar comprensión, asignar un referente y supervisar al principio.

En sectores con campañas, sustituciones o temporalidad, esto es todavía más importante. Si entra mucha gente nueva en poco tiempo, la empresa no puede improvisar la formación uno por uno sin sistema. Debe tener un protocolo de incorporación preparado antes de la campaña.

El primer mes debería estar en la evaluación preventiva

La evaluación de riesgos suele centrarse en puestos y tareas. Pero muchas veces no contempla suficientemente el factor “persona recién incorporada”.

Y debería hacerlo.

No porque la persona nueva sea un riesgo en sí misma, sino porque su falta de familiaridad con el entorno modifica la exposición. El mismo puesto puede ser más peligroso para quien todavía no conoce procedimientos, equipos, ritmos o señales informales del trabajo.

Por tanto, la empresa debería prever medidas adicionales durante la incorporación: formación específica, supervisión, reducción temporal de tareas críticas, acompañamiento, instrucciones visuales, comprobación de comprensión y revisión tras los primeros días.

La adaptación inicial también es prevención.

No confundir rapidez con integración

En muchas empresas existe presión para que la persona nueva “funcione” cuanto antes. Es comprensible desde la producción, pero peligroso si se hace mal.

Integrar a alguien no es lanzarlo al puesto y esperar que aprenda sobre la marcha. Aprender “a golpes” nunca debería ser una metodología de prevención.

Una buena integración puede parecer más lenta al principio, pero reduce errores, accidentes, rotación, inseguridad y dependencia posterior. Además, transmite una cultura clara: aquí se trabaja bien desde el primer día.

La forma en que una empresa recibe a una persona nueva dice mucho de su cultura preventiva.

Qué debería hacer una empresa desde mañana

Sin convertirlo en una lista interminable, hay una idea práctica: toda empresa debería revisar cómo incorpora a una persona nueva.

La acogida debería incluir una explicación clara del puesto, una visita guiada por zonas de riesgo, formación específica de la tarea, instrucciones prácticas, entrega y explicación de EPI, información sobre emergencias, normas de circulación interna, identificación de la persona responsable de resolver dudas y un periodo de supervisión.

También debería comprobarse la comprensión. No basta con preguntar “¿lo has entendido?”. Hay que observar si la persona sabe hacerlo correctamente.

En puestos de mayor riesgo, la incorporación debería ser progresiva. Primero observar, luego practicar acompañado y finalmente trabajar con autonomía cuando se haya comprobado que conoce la tarea y sus riesgos.

Conclusión

El dato de Navarra es una advertencia muy útil para cualquier empresa: el 9,1% de los accidentes laborales se produce durante el primer mes de trabajo, y cada año unas 90 personas se accidentan en su primer día en esa comunidad.

La falta de experiencia, el desconocimiento del entorno y la incorporación rápida son factores preventivos que deben gestionarse.

La prevención no empieza cuando la persona ya domina el puesto. Empieza antes: en la acogida, en la explicación, en el acompañamiento, en la formación práctica y en la supervisión de los primeros días.

Porque el primer mes de trabajo no debería ser una prueba de supervivencia.

Debería ser una incorporación segura.