Las altas temperaturas en las aulas vuelven a situar a la Región de Murcia ante un problema que ya no puede tratarse como una simple incomodidad estacional. Cada final de primavera y cada inicio de verano se repite el mismo escenario: centros educativos con aulas por encima de los 30 ºC, equipos de climatización inexistentes o insuficientes, instalaciones eléctricas antiguas y comunidades educativas que reclaman soluciones estructurales.

El problema afecta al alumnado, especialmente a niños y niñas de menor edad, pero también al profesorado y al resto de personas trabajadoras de los centros: equipos directivos, personal de administración, limpieza, mantenimiento, comedor, apoyo educativo y monitores.

Desde el punto de vista preventivo, la idea es clara: un aula no es solo un espacio educativo; también es un lugar de trabajo.

Murcia, una región especialmente expuesta al calor

La Región de Murcia no parte de la misma situación climática que otras zonas del país. Las temperaturas elevadas llegan antes, se mantienen durante más tiempo y afectan de forma intensa a la actividad diaria de los centros educativos.

En los últimos días, la comunidad educativa murciana ha vuelto a movilizarse contra la falta de medidas frente al calor en las aulas. FAPA, Sindicato de Estudiantes, FEMAE y sindicatos como CCOO, STERM y UGT han denunciado que en muchos centros las temperaturas superan los 27 ºC incluso antes del inicio de la jornada y alcanzan más de 30 ºC durante las clases. También han anunciado mediciones, denuncias públicas, quejas ante la Inspección de Trabajo y una Iniciativa Legislativa Popular para exigir una climatización adecuada en los centros educativos.

El problema no es nuevo. En 2022, CCOO ya denunció ante la Inspección de Trabajo temperaturas superiores a 30 ºC en varios colegios de la Región de Murcia, entre ellos el CEIP Mariano Aroca y el CEIP María Maroto, en Murcia, y el CEIP San Antonio, en Torre Pacheco. La denuncia señalaba que se trataba de centros sin sistemas de refrigeración ni planes suficientes frente al calor.

Posteriormente, la Inspección de Trabajo instó a la Consejería de Educación a realizar un informe de estrés térmico en los centros denunciados. En aquellas informaciones se indicaba que las temperaturas registradas por docentes en aulas del CEIP Mariano Aroca, CEIP María Maroto y CEIP San Antonio Abad rondaban los 40 ºC.

Esto demuestra algo importante: no estamos ante una queja nueva ni ante un episodio aislado. Estamos ante un problema conocido, reiterado y previsible.

CEIP Mariano Aroca: un ejemplo de problema recurrente

El CEIP Mariano Aroca López, centro público de Educación Infantil y Primaria de Murcia, ya apareció en denuncias anteriores relacionadas con altas temperaturas en las aulas.

Que un centro figure en denuncias de 2022 y que en 2026 la comunidad educativa siga reclamando medidas frente al calor evidencia la dificultad de convertir las advertencias preventivas en soluciones reales.

Aquí hay una cuestión clave: cuando un problema se repite cada curso, deja de ser una emergencia imprevisible. Pasa a ser un riesgo conocido.

Y en prevención de riesgos laborales, un riesgo conocido debe evaluarse, planificarse y corregirse.

No basta con reaccionar cuando llega la ola de calor. La Administración educativa debe anticiparse antes de que las aulas se conviertan en espacios térmicamente inadecuados para estudiar y trabajar.

CEIP Santiago el Mayor y la realidad de los centros públicos murcianos

El CEIP Santiago el Mayor es otro centro público de Educación Infantil y Primaria de Murcia. Su mención en este contexto resulta relevante porque forma parte de esa red de centros educativos públicos que deben afrontar las mismas exigencias: garantizar condiciones adecuadas para el alumnado y para las personas trabajadoras del centro.

No se trata de señalar a un centro concreto como responsable del problema. El problema no lo generan los colegios. Lo sufren.

Los equipos directivos y docentes suelen ser los primeros en tener que gestionar el malestar del alumnado, reorganizar espacios, ventilar como pueden, adaptar actividades o comunicar situaciones de riesgo. Pero la solución de fondo no puede depender de la improvisación diaria de cada centro.

La climatización, el mantenimiento de instalaciones, la adecuación eléctrica, la ventilación y las medidas frente al calor requieren planificación técnica y presupuesto.

El agravante murciano: no basta con “poner aire acondicionado”

En Murcia hay un agravante importante: muchos centros tienen edificios antiguos, instalaciones eléctricas obsoletas o equipos de climatización que no existen, no funcionan correctamente o no pueden instalarse sin una reforma previa.

En las denuncias recientes sobre aulas de Murcia se ha señalado precisamente la falta de aire acondicionado y la obsolescencia de las instalaciones eléctricas, que en algunos casos impide colocar equipos de climatización. También se ha criticado que, en ocasiones, sean las AMPAS quienes terminen financiando estos equipos, lo que genera desigualdad entre centros.

Este punto es esencial.

La solución no siempre es tan simple como instalar aparatos de aire acondicionado aula por aula. Antes hay que revisar:

  • potencia eléctrica disponible;
  • cuadros eléctricos;
  • líneas y protecciones;
  • estado de la instalación;
  • seguridad frente a sobrecargas;
  • mantenimiento posterior;
  • eficiencia energética;
  • ventilación;
  • aislamiento térmico;
  • orientación del edificio;
  • sombreamiento;
  • prioridad de aulas más expuestas;
  • presencia de alumnado vulnerable;
  • condiciones de trabajo del personal.

Si se instalan equipos sin planificación, puede resolverse parcialmente el problema térmico y crear otros problemas eléctricos, de mantenimiento o desigualdad entre centros.

La respuesta debe ser estructural, no improvisada.

La normativa de lugares de trabajo también importa

Desde el punto de vista laboral, las temperaturas en espacios cerrados tienen referencias normativas claras.

El Real Decreto 486/1997, sobre disposiciones mínimas de seguridad y salud en los lugares de trabajo, establece que en locales cerrados donde se realicen trabajos sedentarios propios de oficinas o similares la temperatura debe estar comprendida entre 17 y 27 ºC. Para trabajos ligeros, la temperatura debe estar entre 14 y 25 ºC.

Un aula no es una oficina en sentido estricto, pero sí es un espacio cerrado donde el personal docente desarrolla una actividad profesional prolongada. Por tanto, estas referencias evidencian que trabajar habitualmente a temperaturas superiores a 30 ºC no puede considerarse una situación normal desde el punto de vista preventivo.

El debate no debe reducirse a si “hace calor” o si “siempre ha hecho calor en Murcia”. La cuestión preventiva es otra:

¿Puede una persona trabajar y un menor aprender en condiciones adecuadas cuando el aula supera de forma reiterada los 30 ºC?

Suspender clases es una respuesta de emergencia, no una solución preventiva

En la Región de Murcia ya se han producido suspensiones de clases por altas temperaturas. El IES Valle de Leiva, en Alhama de Murcia, suspendió clases varios días tras alcanzar algunas aulas los 31 ºC en un contexto de aviso amarillo por calor.

Suspender clases puede ser necesario cuando no se puede garantizar la seguridad o unas condiciones mínimas. Pero no puede convertirse en la medida ordinaria.

Desde la prevención, una suspensión es una medida de emergencia. La solución real debe llegar antes: evaluación, planificación, inversión, mantenimiento y adaptación de los centros.

Si cada año se repite el mismo problema, la pregunta no es solo qué hacer cuando llega el calor. La pregunta es por qué no se ha actuado antes.

El calor afecta a la salud, al aprendizaje y al trabajo

Las altas temperaturas en el aula pueden producir fatiga, dolor de cabeza, irritabilidad, pérdida de concentración, mareos, deshidratación y empeoramiento de patologías previas.

En el alumnado, esto puede afectar al aprendizaje, la atención, el comportamiento, el rendimiento y el bienestar. En niños pequeños, alumnado con discapacidad, enfermedades previas o necesidades específicas, el riesgo puede ser mayor.

En el profesorado y el personal del centro, el calor puede afectar a la voz, la concentración, la tolerancia al estrés, la fatiga acumulada y la capacidad para gestionar el aula.

Esto no es una cuestión de comodidad. Es una cuestión de salud, condiciones laborales y calidad educativa.

No todos los centros tienen las mismas posibilidades

Uno de los aspectos más injustos de este problema es que la respuesta puede acabar dependiendo de la capacidad económica de cada comunidad educativa.

Si una AMPA puede financiar aparatos de aire acondicionado, ventiladores o toldos, ese centro mejora antes. Si otra no puede, sus alumnos y trabajadores siguen soportando temperaturas inadecuadas.

La prevención no debería depender de rifas, cuotas voluntarias o donaciones.

Las condiciones mínimas de seguridad, salud y confort térmico deben garantizarse con criterios públicos, técnicos y equitativos.

Qué debería hacerse en Murcia desde una perspectiva preventiva

Una respuesta seria en la Región de Murcia debería partir de un plan integral, no de actuaciones dispersas.

Ese plan debería incluir:

  1. Mapa térmico de centros educativos.
    Medición real de temperaturas por aulas, horarios, orientación y meses críticos.
  2. Evaluación del estado de instalaciones eléctricas.
    No se puede climatizar sin saber si la instalación lo soporta.
  3. Priorización objetiva.
    Centros con temperaturas más altas, alumnado vulnerable, infantil, primaria, aulas prefabricadas, edificios antiguos o peor orientación.
  4. Medidas inmediatas.
    Ventilación, sombra, reducción de actividad física intensa, traslado temporal a espacios más frescos, hidratación, adaptación de horarios y protocolos claros.
  5. Medidas estructurales.
    Climatización eficiente, aislamiento térmico, toldos, arbolado, patios con sombra, ventilación adecuada y mejora de envolvente térmica.
  6. Mantenimiento preventivo.
    No basta con instalar equipos. Hay que mantenerlos para que funcionen cuando llega el calor.
  7. Coordinación entre Educación, ayuntamientos y prevención.
    La gestión térmica de los centros no puede quedar fragmentada entre competencias administrativas.
  8. Participación de docentes, familias y personal del centro.
    Quienes sufren el problema cada día deben participar en su diagnóstico.
  9. Protección del personal trabajador.
    Evaluación de riesgos laborales, medidas preventivas, información y protocolos ante temperaturas extremas.
  10. Seguimiento anual antes del verano.
    La revisión debe hacerse en invierno o primavera, no cuando las aulas ya están a 32 ºC.

Conclusión

El calor en las aulas de Murcia ya no puede tratarse como una molestia inevitable ni como una anécdota de final de curso. Centros como el CEIP Mariano Aroca ya aparecieron en denuncias anteriores por altas temperaturas, y la comunidad educativa vuelve a reclamar medidas urgentes y estructurales.

El CEIP Santiago el Mayor, como otros centros públicos de Murcia, forma parte de una realidad educativa que necesita edificios preparados para el clima actual, no para el clima de hace décadas.

La Región de Murcia necesita un plan serio de adaptación térmica de sus centros educativos. Un plan que no se limite a suspender clases cuando el calor ya es insoportable, ni a confiar en soluciones parciales financiadas por familias.

El aula es un espacio educativo, pero también es un lugar de trabajo. Y cuando se superan de forma reiterada los 30 ºC, el problema deja de ser una incomodidad y se convierte en una cuestión de salud, prevención y dignidad.

Estudiar y trabajar en Murcia no debería depender de aguantar el calor. Debería depender de una planificación preventiva a la altura del clima que ya tenemos.