La exposición solar suele asociarse al verano, a la playa o a los días de vacaciones. Sin embargo, para miles de personas trabajadoras, la radiación solar forma parte de su jornada laboral durante buena parte del año.
Agricultura, construcción, jardinería, limpieza viaria, reparto, pesca, mantenimiento exterior, obra civil, seguridad, emergencias, hostelería en terrazas o trabajos en instalaciones al aire libre son solo algunos ejemplos de actividades donde la piel y los ojos pueden estar expuestos de forma repetida a la radiación ultravioleta.
Con motivo del Día Europeo de la Prevención del Cáncer de Piel, celebrado el 13 de junio, la Asociación Española Contra el Cáncer ha recordado un dato importante: entre el 60% y el 65% de la radiación solar anual se recibe fuera del verano. La advertencia es clara: la protección solar no puede limitarse a julio y agosto, especialmente en personas que trabajan al aire libre.
La radiación solar también es prevención de riesgos laborales
Cuando hablamos de trabajos al aire libre, muchas veces pensamos primero en el calor: golpe de calor, deshidratación, fatiga o estrés térmico. Pero el sol no solo calienta. También emite radiación ultravioleta, que puede dañar la piel y los ojos aunque la persona no tenga sensación inmediata de peligro.
Este es uno de los grandes problemas preventivos de la radiación UV: no siempre avisa.
Un trabajador puede terminar la jornada sin marearse, sin sentirse especialmente mal y sin notar un daño inmediato. Pero la exposición se acumula. La piel tiene memoria. Y esa exposición repetida durante años puede aumentar el riesgo de lesiones cutáneas, envejecimiento prematuro, queratosis actínicas, carcinomas y melanoma.
El INSST recuerda que el incremento de la radiación ultravioleta debe considerarse un riesgo laboral que afecta especialmente a quienes realizan actividades al aire libre.
El cáncer de piel aumenta y la prevención debe reaccionar
Los datos sanitarios muestran una tendencia preocupante. Según la información difundida por la AECC, en 2024 se diagnosticaron en España 20.854 nuevos casos de cáncer de piel, lo que representa alrededor del 7% del total de tumores, y la incidencia ha aumentado un 40% en cuatro años.
En Murcia, dermatólogos han alertado también del aumento del cáncer de piel, señalando que es el cáncer más frecuente, pero también uno de los más prevenibles. Blanca Rebollo, dermatóloga del Hospital Reina Sofía de Murcia, ha recordado que la mayoría de casos están relacionados con la exposición a radiación ultravioleta y que la detección precoz mejora mucho el pronóstico.
Desde la prevención de riesgos laborales, este dato obliga a cambiar la mirada. No basta con decir que el trabajador “está acostumbrado al sol”. La exposición solar continuada no deja de ser peligrosa porque forme parte del trabajo habitual.
De hecho, precisamente porque es habitual, debe gestionarse mejor.
No es un riesgo solo de verano
Uno de los errores más frecuentes es pensar que la radiación solar solo debe preocupar en los meses de más calor. Pero no es así.
La radiación UV puede ser significativa en primavera, otoño e incluso en días nublados. Además, hay trabajadores que acumulan muchas horas de exposición a lo largo del año: campañas agrícolas, obras prolongadas, trabajos de mantenimiento, pesca, jardinería o servicios exteriores.
La AECC ha insistido en que gran parte de la radiación anual se recibe fuera del verano, por lo que la protección debe mantenerse durante todo el año y no limitarse a las vacaciones o a las olas de calor.
Esta idea es esencial para las empresas. Si la evaluación de riesgos solo contempla la radiación solar como un problema de verano, se está quedando corta.
La radiación UV debe evaluarse según la exposición real: época del año, horarios, duración de la jornada al aire libre, índice UV, tipo de tarea, ropa utilizada, posibilidad de sombra, reflejos en superficies, altitud, zona geográfica y características de la persona trabajadora.
Trabajar al aire libre no puede significar trabajar sin protección
El trabajo al aire libre tiene particularidades. No siempre se puede eliminar la exposición solar, pero sí se puede reducir.
La prevención debe actuar sobre la organización del trabajo. Por ejemplo, evitar las horas de mayor radiación cuando sea posible, planificar tareas en zonas de sombra, alternar actividades, reducir el tiempo de exposición directa, habilitar zonas cubiertas de descanso y tener en cuenta el índice UV en la planificación diaria.
También debe actuar sobre la protección personal. Pero aquí conviene aclarar algo: la crema solar es importante, pero no debe ser la única medida.
Una buena protección frente a radiación solar combina ropa adecuada, tejidos con protección UV, gorras o sombreros de ala ancha, gafas de sol con filtro UV, protección de cuello y orejas, sombra, organización de horarios y formación. La AECC recomienda protector solar de al menos FPS 50, reaplicación cada dos horas, ropa y accesorios protectores y evitar la exposición en las horas centrales del día.
Reducirlo todo a “ponte crema” es insuficiente. La protección solar laboral debe ser más amplia y organizada.
La empresa debe evaluar el riesgo, no dejarlo al criterio individual
En muchos centros de trabajo, la radiación solar sigue tratándose como una decisión personal del trabajador: si se pone gorra, si usa crema, si busca sombra, si bebe agua o si se protege la piel.
Ese enfoque no es suficiente.
Cuando la exposición se produce como consecuencia del trabajo, la empresa debe integrarla en su evaluación de riesgos y planificar medidas preventivas. Esto implica identificar qué puestos están expuestos, cuánto tiempo permanecen al sol, qué tareas realizan, en qué horarios, qué protección tienen y si existen personas especialmente sensibles.
El INSST, en su estudio sobre exposición a radiación UV solar en buques pesqueros, señala que la prevención de los efectos adversos para la piel y los ojos debe basarse en acciones técnicas y organizativas, información y formación específica, uso de EPI y vigilancia de la salud adecuada.
Ese criterio no se limita al sector pesquero. Es perfectamente trasladable a cualquier trabajo al aire libre.
Sectores donde el riesgo puede estar infravalorado
Hay sectores donde la radiación solar es evidente, como agricultura o construcción. Sin embargo, hay otros donde puede pasar más desapercibida.
Un repartidor que pasa horas entrando y saliendo del vehículo.
Una camarera que trabaja en terraza.
Un jardinero que realiza mantenimiento en parques.
Una trabajadora de limpieza viaria.
Un técnico que revisa instalaciones en cubierta.
Un vigilante en exterior.
Un pescador.
Un operario de mantenimiento urbano.
Un monitor deportivo.
Un trabajador de eventos al aire libre.
En todos estos casos puede existir exposición relevante.
El problema es que muchas veces no se percibe como “riesgo laboral” porque no hay una máquina peligrosa, una sustancia química etiquetada o una tarea aparentemente extrema. Pero la radiación UV no necesita parecer peligrosa para serlo.
La vigilancia de la salud es clave
La prevención frente a la radiación solar no termina en entregar crema o recomendar gorra. También debe conectarse con la vigilancia de la salud.
Los trabajadores expuestos de forma habitual al sol deberían recibir información sobre signos de alarma, autoexploración de la piel y necesidad de consultar ante lesiones sospechosas. La regla ABCDE puede ayudar a detectar cambios preocupantes: asimetría, bordes irregulares, color variable, diámetro y evolución. Los dermatólogos recuerdan que la detección precoz es clave y recomiendan prestar atención a manchas irregulares o lesiones que cambian.
La vigilancia de la salud debe tener en cuenta la exposición real del puesto, especialmente en personas con antecedentes de cáncer de piel, piel clara, múltiples lunares, fotosensibilidad, tratamientos que aumenten sensibilidad solar o antecedentes de quemaduras importantes.
No se trata de alarmar. Se trata de detectar pronto y prevenir mejor.
Radiación solar y cultura preventiva
La radiación UV pone a prueba la madurez preventiva de una empresa.
Una empresa con cultura preventiva no espera a que el trabajador se queme para actuar. No deja la protección al criterio individual. No considera normal que una persona trabaje ocho horas al sol sin sombra, sin ropa adecuada y sin información. No piensa que protegerse es una cuestión estética.
Una empresa preventiva planifica.
Si sabe que sus trabajadores estarán al aire libre, debe organizar horarios, facilitar medios, formar, informar, revisar el índice UV y adaptar las tareas cuando sea necesario.
La prevención no puede depender de que el trabajador “se apañe”. La radiación solar forma parte de las condiciones de trabajo y debe gestionarse como tal.
No todo se resuelve con protección individual
Aquí hay que ser claros: los EPI y la fotoprotección personal son necesarios, pero no deben ser la única respuesta.
La jerarquía preventiva sigue siendo válida. Primero hay que intentar evitar o reducir la exposición desde la organización. Después, aplicar medidas colectivas o técnicas. Y, como complemento, utilizar protección individual.
En trabajos al aire libre, esto puede traducirse en planificar la jornada para reducir exposición en horas críticas, instalar zonas de sombra, utilizar vehículos o puestos con protección, organizar descansos en lugares cubiertos, proporcionar ropa adecuada y asegurar que las medidas sean compatibles con la tarea.
Si una empresa únicamente entrega crema solar y no revisa horarios, sombra, pausas o ropa, está haciendo una prevención incompleta.
Conclusión
La radiación solar en el trabajo es un riesgo laboral que no empieza ni termina en verano. Para muchas personas trabajadoras, el sol forma parte de su exposición diaria durante buena parte del año.
Los datos de cáncer de piel y las advertencias de la AECC y los dermatólogos recuerdan que la exposición acumulada importa. La piel tiene memoria, y la prevención no puede limitarse a actuar cuando ya hay quemaduras visibles.
Las empresas con trabajos al aire libre deben evaluar la exposición a radiación UV, organizar tareas, facilitar sombra, proporcionar protección adecuada, formar a las personas trabajadoras y conectar este riesgo con la vigilancia de la salud.
Porque protegerse del sol en el trabajo no es una cuestión de comodidad.
Es prevención de riesgos laborales.