La atención a personas mayores y dependientes es una actividad esencial, pero también una de las más exigentes desde el punto de vista físico. Movilizar usuarios, ayudar en transferencias, realizar cambios posturales, aseos, acompañamientos, incorporaciones, desplazamientos o tareas repetidas durante turnos prolongados puede generar una elevada carga ergonómica para el personal de residencias.

Esta realidad ha vuelto a ponerse sobre la mesa tras conocerse que la Inspección de Trabajo y Seguridad Social de Palencia ha requerido a la Gerencia Territorial de Servicios Sociales de la Junta de Castilla y León la realización de una evaluación específica de riesgos ergonómicos en sus centros residenciales antes del 30 de septiembre de 2026. Según la información publicada, el requerimiento responde a una denuncia de CSIF y afecta a riesgos asociados a manipulación de cargas, sobreesfuerzos, posturas forzadas y carga física de las plantillas, mayoritariamente compuestas por mujeres.

La cuestión de fondo es clara: en una residencia, cuidar no puede significar lesionarse.

Un problema preventivo que no puede tratarse como algo secundario

Los trastornos musculoesqueléticos son uno de los grandes problemas de salud laboral en el sector sociosanitario. No hablamos solo de “dolores normales” derivados del trabajo, sino de daños que pueden afectar a la espalda, cuello, hombros, brazos, manos, rodillas o zona lumbar, y que pueden acabar provocando bajas, limitaciones funcionales, pérdida de calidad de vida y deterioro de la capacidad laboral.

El INSST ha señalado que una movilización o transferencia inadecuada de personas puede originar daños importantes en la salud del personal sanitario y sociosanitario. Entre los factores de riesgo cita la flexión o torsión del tronco, los agarres en cuello u hombros por parte de la persona movilizada, las restricciones de espacio, los sobreesfuerzos, la manipulación de pesos elevados y las posturas forzadas.

Esto encaja plenamente con la realidad de muchas residencias: habitaciones estrechas, baños poco adaptados, usuarios con distinto grado de dependencia, falta de ayudas técnicas suficientes, plantillas ajustadas, turnos exigentes y tareas físicamente intensas.

La obligación legal: evaluar, adaptar y planificar

Desde el punto de vista normativo, la obligación empresarial no se limita a entregar formación genérica o a decir al personal que “tenga cuidado”.

La Ley 31/1995 de Prevención de Riesgos Laborales reconoce el derecho de las personas trabajadoras a una protección eficaz en materia de seguridad y salud, lo que implica el correlativo deber empresarial de protección. En el caso de las Administraciones públicas, ese deber también existe respecto del personal a su servicio.

Además, el artículo 15 de la LPRL establece principios preventivos especialmente importantes en ergonomía: evitar los riesgos, evaluar los que no se puedan evitar, combatirlos en su origen y adaptar el trabajo a la persona, en particular respecto a la concepción de los puestos, la elección de equipos y los métodos de trabajo.

Por tanto, si en una residencia hay sobreesfuerzos, movilizaciones manuales frecuentes, posturas forzadas o falta de medios mecánicos, la respuesta preventiva no puede ser simplemente formar mejor al trabajador. Primero hay que analizar si el trabajo está mal diseñado, si faltan medios, si la organización de turnos es insuficiente o si las condiciones materiales obligan al personal a asumir esfuerzos evitables.

El Reglamento de los Servicios de Prevención, aprobado por el Real Decreto 39/1997, también exige que la prevención se integre en la gestión de la empresa a través del plan de prevención y que la planificación preventiva incluya los medios humanos, materiales y económicos necesarios para ejecutar las medidas previstas.

Manipulación manual de cargas y movilización de personas

En residencias, la movilización de personas tiene una particularidad importante: la “carga” no es un objeto inerte. Es una persona, con dolor, miedo, dependencia, movilidad parcial, deterioro cognitivo, resistencia al movimiento o cambios imprevisibles de postura.

El Real Decreto 487/1997 establece las disposiciones mínimas de seguridad y salud relativas a la manipulación manual de cargas que entrañe riesgos, especialmente dorsolumbares, para las personas trabajadoras.

La guía técnica actualizada del INSST sobre manipulación manual de cargas, publicada en 2024, tiene precisamente como objetivo facilitar la aplicación de este real decreto, proporcionando criterios e información técnica para evaluar y prevenir los riesgos derivados de la manipulación manual de cargas.

En este ámbito, el INSST también contempla expresamente la movilización de personas como una manipulación específica que requiere fuerza para empujar, tirar, levantar, bajar, transferir o mover o sostener a una persona o parte de ella.

Esto es especialmente relevante para residencias de mayores, centros sociosanitarios, centros de discapacidad y servicios asistenciales. No basta con evaluar “manipulación manual de cargas” de forma genérica. Hay que estudiar cómo se moviliza realmente a los residentes, en qué condiciones, cuántas veces por turno, con qué medios y con cuánta dotación de personal.

Qué riesgos ergonómicos aparecen en una residencia

Los principales riesgos ergonómicos en residencias suelen estar relacionados con varias situaciones:

La movilización y transferencia de residentes, por ejemplo de cama a silla, de silla a inodoro, de silla de ruedas a cama o durante cambios posturales.

El reposicionamiento en cama o silla, especialmente en personas no colaboradoras o con movilidad muy reducida.

El aseo e higiene personal, donde suelen aparecer posturas forzadas, inclinación de tronco, trabajo en baños reducidos y movimientos repetidos.

La manipulación de ropa, carros, alimentos, residuos o material auxiliar, que puede implicar empuje, tracción, levantamiento o transporte de cargas.

Las posturas mantenidas o forzadas, como inclinarse sobre camas bajas, alcanzar zonas difíciles, trabajar en espacios estrechos o realizar tareas con los brazos elevados.

Los movimientos repetitivos, presentes en tareas de limpieza, alimentación, cambios, preparación de material o atención continuada.

A ello se suma la carga organizativa: ritmos de trabajo, falta de pausas, turnos, presión asistencial, escasez de personal o residentes con elevado grado de dependencia.

El método MAPO: evaluar la movilización de pacientes con criterio técnico

Una evaluación ergonómica seria en residencias debe utilizar métodos adecuados al tipo de riesgo.

Uno de los métodos más relevantes en este campo es el método MAPO, diseñado para evaluar el riesgo por movilización de pacientes en centros sanitarios y sociosanitarios. El INSST recoge que este método puede emplearse para valorar la movilización de pacientes en hospitales, residencias de la tercera edad y residencias de enfermos crónicos.

El método MAPO no se limita a mirar si un trabajador “levanta peso”. Tiene en cuenta factores como la carga asistencial, el tipo y grado de discapacidad motora de los pacientes, las características estructurales del entorno, los equipos de trabajo disponibles, la adecuación de sillas de ruedas, las ayudas menores y la formación específica recibida por los trabajadores.

Esto es muy importante: el riesgo no depende solo de la técnica individual del trabajador. Depende también de cuántos residentes no colaboradores hay, cuántos profesionales están presentes por turno, si existen grúas, sábanas deslizantes, cinturones de movilización, espacios suficientes, camas regulables, baños adaptados y formación práctica real.

Ayudas técnicas: no son un lujo, son prevención

El INSST ha publicado la NTP 1197, dedicada a las ayudas menores para la movilización y transferencia de personas en los ámbitos sanitario y sociosanitario. Esta NTP presenta productos de apoyo para facilitar estas tareas y prevenir trastornos musculoesqueléticos en estos sectores.

Entre las ayudas que recoge se encuentran sábanas tubulares deslizantes, discos de transferencia, cinturones de movilización y tablas de transferencia. La NTP explica que estos productos permiten realizar movilizaciones con menor esfuerzo, favoreciendo desplazamientos o deslizamientos en lugar de levantamientos manuales del cuerpo de la persona.

El mensaje preventivo es claro: si una tarea puede hacerse con una ayuda técnica que reduce el esfuerzo, seguir haciéndola “a pulso” no es una buena práctica.

En una residencia, disponer de ayudas técnicas suficientes, accesibles, en buen estado y conocidas por el personal no debería depender de la buena voluntad o de si “hay tiempo”. Debe formar parte de la planificación preventiva.

Técnica de movilización: importante, pero no suficiente

La formación en técnicas de movilización es necesaria. El INSST recoge en la NTP 1142 el método Dotte, orientado a facilitar y mejorar la movilización segura de personas mediante posturas y gestos definidos, con el objetivo de prevenir lesiones musculoesqueléticas del personal asistencial y garantizar la seguridad y confort tanto del profesional como de la persona atendida.

Pero aquí hay que ser muy claros: la técnica no puede sustituir a la organización.

No es aceptable cargar sobre el trabajador toda la responsabilidad diciendo que “debe movilizar bien” si después no tiene tiempo, trabaja solo, no dispone de ayudas mecánicas, la habitación es estrecha, la cama no se regula, el residente no colabora y la plantilla está por debajo de las necesidades reales.

La buena prevención combina tres elementos:

  1. Diseño y organización del trabajo.
  2. Medios técnicos adecuados.
  3. Formación práctica y específica.

Si falta uno de los tres, el riesgo se mantiene.

La ergonomía también está relacionada con los riesgos psicosociales

La noticia de Palencia no habla solo de ergonomía. Según la información publicada, la Inspección también exige un estudio psicosocial específico y la planificación de medidas correctoras tras la evaluación.

Esto tiene todo el sentido. En residencias, la carga física y la carga emocional suelen ir de la mano.

El INSST, en su guía sobre gestión de riesgos psicosociales en la actividad de cuidado de personas mayores, señala que se trata de un sector en crecimiento, ocupado mayoritariamente por mujeres, y con trabajos altamente exigentes tanto física como psicológicamente.

Cuando hay falta de personal, presión asistencial, turnos exigentes, agresiones o conductas difíciles de residentes, falta de apoyo, ritmo elevado y carga emocional, el riesgo ergonómico puede agravarse. Una movilización hecha con prisa, fatiga o tensión tiene más probabilidades de acabar en lesión.

Por eso, separar completamente ergonomía y psicosociología en residencias puede ser un error. Hay que evaluar ambas dimensiones de forma coordinada.

Qué debería incluir una buena evaluación ergonómica en residencias

Una evaluación ergonómica específica en una residencia no debería limitarse a una observación superficial.

Debería analizar, como mínimo:

  • Número de residentes dependientes, parcialmente colaboradores y no colaboradores.
  • Tipos de movilizaciones realizadas por turno.
  • Frecuencia de transferencias, cambios posturales y reposicionamientos.
  • Dotación de personal en cada turno.
  • Existencia y disponibilidad real de grúas, bipedestadores, sábanas deslizantes, cinturones, discos y tablas de transferencia.
  • Estado, mantenimiento y accesibilidad de las ayudas técnicas.
  • Dimensiones de habitaciones, baños y zonas de paso.
  • Altura y regulabilidad de camas.
  • Adecuación de sillas de ruedas, sillones e inodoros.
  • Formación práctica recibida por el personal.
  • Organización de tareas y tiempos asignados.
  • Accidentes, incidentes, bajas y molestias musculoesqueléticas.
  • Coordinación entre turnos.
  • Participación del personal en la identificación de problemas reales.

Una evaluación que no entra en estos aspectos corre el riesgo de quedarse corta.

Medidas preventivas que deberían planificarse

Tras la evaluación, la empresa o administración titular no puede quedarse en el diagnóstico. Debe planificar medidas concretas.

Algunas medidas habituales serían:

  • Incorporar o aumentar ayudas mecánicas y ayudas menores.
  • Asegurar que las ayudas estén disponibles donde se necesitan.
  • Adaptar baños, habitaciones y espacios de transferencia.
  • Regular altura de camas y superficies de trabajo.
  • Reducir movilizaciones manuales innecesarias.
  • Establecer movilizaciones en equipo cuando proceda.
  • Formar de manera práctica en técnicas seguras.
  • Revisar turnos y dotación de personal según dependencia real.
  • Planificar pausas y rotación de tareas.
  • Registrar y analizar lesiones musculoesqueléticas e incidentes.
  • Implicar a mandos intermedios en el cumplimiento de procedimientos.
  • Consultar al personal y a sus representantes.
  • Integrar ergonomía y psicosociología en la planificación preventiva.

El Reglamento de los Servicios de Prevención exige que la planificación incluya medios humanos, materiales y económicos. Por tanto, si la evaluación concluye que faltan grúas, ayudas menores, formación o personal suficiente para determinadas tareas, la solución no puede ser simplemente “recordar al personal que adopte buenas posturas”.

Una cuestión de género que no debe ignorarse

La información publicada sobre el caso de Palencia señala que las plantillas afectadas están formadas mayoritariamente por mujeres y que, según un estudio sindical de 2022, el 76% del personal sufría trastornos musculoesqueléticos, con elevada incidencia de dolores de cuello, espalda, hombros y manos.

Esto obliga a mirar también el problema desde una perspectiva de género.

Los sectores feminizados han tendido históricamente a invisibilizar determinados riesgos. Mientras los riesgos de sectores industriales se perciben con mayor facilidad, los riesgos asociados al cuidado se han normalizado como “parte del trabajo”.

Pero levantar, girar, incorporar, asear, sostener, empujar o movilizar personas durante años no es una carga menor. Es una exposición laboral que debe evaluarse y prevenirse con el mismo rigor que cualquier otro riesgo profesional.

Conclusión

El requerimiento de la Inspección de Trabajo en Palencia recuerda una idea fundamental: las residencias no solo deben cuidar a las personas usuarias, también deben cuidar a quienes cuidan.

Los riesgos ergonómicos en residencias no se resuelven con recomendaciones genéricas ni con carteles sobre higiene postural. Requieren evaluaciones específicas, métodos adecuados, ayudas técnicas suficientes, formación práctica, organización del trabajo, dotación realista de personal y planificación preventiva con recursos.

La prevención en residencias debe dejar de considerar las lesiones musculoesqueléticas como algo inevitable. No lo son.

Cuando el trabajo se diseña bien, cuando se proporcionan medios adecuados y cuando se escucha al personal que realiza las movilizaciones cada día, el cuidado puede ser más seguro para todos: para la persona atendida y para la persona trabajadora.